Antes de que el Talgo, subiendo hacia el noroeste, se encontrase con un frente que veía en sentido contrario, la cosa estaba bastante animada: mucho milano real, cernícalos, ratoneros, un esmerejón... Pronto luego, la lluvia; y con ella las carreras de gotas de agua por el cristal, como renacuajos persiguiéndose unos a otros (esto no es mío; es de Durrell).
Apenas han pasado veinte días, pero aquí me tenéis: de nuevo en Ourense. Entre que no creo que pueda volver ya hasta Navidad (por diversos motivos; ya os lo iré contando...), y que además se cumple (ayer) un año de la muerte de mi abuela, me apetecía pasar Todos los Santos en casa... por aquí nos vemos :-)
El busardo colirrojo Buteo jamaicensis, equivalente norteamericano de nuestro común busardo ratonero B. buteo, es una de las rapaces más abundantes del otro lado del Atlántico. Allá por 1991, en un alarde de adaptación a la convivencia con el hombre, un macho del morfo pálido de la especie se asentó en pleno Central Park, en el corazón de Manhattan. Desde entonces, muchos neoyorquinos han seguido, como si de un culebrón se tratase, los avatares de Pale Male (que así lo bautizaron) y sus sucesivas parejas. Su historia, y la auténtica movilización ciudadana que se originó cuando los propietarios del edificio de la 5ª Avenida donde se asentaba su nido decidieron retirarlo, conforman el guión de "The Legend of Pale Male", un documental recién estrenado cuyo tráiler podéis ver aquí. Muy curioso...
Por increíble que parezca, no he encontrado en YouTube un corte donde salga esta conocida frase de la Pantoja… Estos dos días hemos tenido de nuevo prácticas de Vertebrados; y he decidido titular la entrada así porque más de uno y más de diez se nos han bloqueado con el tema de los dientes: si el pez que tienen es heterodonto o no; si tienen dientes molariformes, caniniformes, incisiviformes o en carda…
De cualquier forma, reconozco que este tema de los dientes es más una cuestión de práctica y experiencia donde no podemos exigir demasiado. Pero hay otros errores que claman al cielo, derivados de no fijarse ni en el pez ni el los dibujos de la clave que tienen delante; y si un biólogo no se fija, no llega a ninguna parte. Unos cuantos me sorprendieron al no saber orientar una rémora, ya que les descolocaba la ventosa cefálica y no sabían cuál era el dorso y cuál el vientre... Dejando aparte el hecho de que, haciendo un pequeño ejercicio de abstracción para despojar la rémora de la ventosa enseguida se ve que es un pez “normal”, está el que si la colocas al revés de repente tiene dos dorsales pareadas (las pelvianas, claro), que no puede ser; ¡y el ano en medio de la espalda!, que es más difícil todavía… Otro de los errores “imposibles” consistía en que algunos no localizaban las diminutas aletas pelvianas de los trompeteros e intentaban buscarlo en la clave de peces sin esas aletas. En cuanto veían que no llegaban a ninguna parte preguntaban, se les enseñaban las aletas, y enseguida sacaban luego al bicho. Pero unas no; unas tiraron clave a través y acabaron diciéndome todas orgullosas que era… ¡un pez espada! En fin; espero que realmente estas prácticas sirvan para que aprendan a fijarse un poco más en el mundo que les rodea…
A la oleada de limícolas raras le sigue ahora la de los pajarillos, que precede a su vez a la de los patos y gaviota. Este año está siendo especialmente bueno para Paseriformes americanos, con multitud de citas por toda la fachada atlántica europea, desde Escocia hasta el sur de Portugal. El nombre de esta entrada viene de que muchas de estas aves carecen aún de nombre oficial en castellano, y por eso aparecen en las guías con nombres vernáculos americanos que suenan aquí bastante graciosos; tales como chipes, zacatoneros o chingolitos…
Los pajareros más impenitentes peregrinan cada octubre a Corvo y Flores, las dos islas más occidentales del archipiélago azoreano. Para mí las Azores están ya un poco en tierra de nadie, pero como técnicamente (biológicamente también, ésa es la verdad) forman parte del Paleártico Occidental, son muchos los europeos que viajan allí para aumentar sus listas de especies vistas en esta región. Y este otoño la cosa está que arde; en las sucesivas actualizaciones de BirdingAzores y otras páginas europeas de rarezas puede verse la multitud de citas de aves americanas que se están dejando caer por allí, incluyendo entre otras la primera cita europea de Melospiza lincolnii.
¿Y qué pasa en España? Pues lo de siempre: mucho territorio y pocos pajareros; el número de citas de pajarillos neárticos en España es ridículo en comparación con el de otros países. Pero hay algunas zonas como las Canarias, nuestras Azores particulares, que en teoría se prestan más a ello; y en Lanzarote acaba de aparecer la primera cita para España de un charlatán Dolichonyx oryzivorus, de la mano del “inevitable” Juan Sagardía. Las fotos (buenas fotos, todo hay que decirlo) están aseguradas en cantidad…
Siguiendo el ejemplo de Cristo, los pobres han estado siempre entre los predilectos de la Iglesia. En los Hechos de los Apóstoles se encuentran testimonios de cómo desde los primerísimos momentos de vida de la Iglesia ya se había organizado la atención a los desfavorecidos; solicitud que sigue siendo patente hoy en día a través de instituciones como Caritas o Manos Unidas. Pero no hay que olvidar el mandato último de Jesús antes de su Ascensión, y que es el fin principal de toda la labor misionera: “id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc XVI, 15b). Ayer celebrábamos el Domund, y pese a ser ésta una jornada (con las huchas y demás) tan, digamos, asimilada por nuestra sociedad, muchas veces se nos olvida lo que realmente representa. Los misioneros son gente en general apreciada por todos, y no es nada raro oír por ahí el típico “éstos al menos hacen algo, no como (márquese la que corresponda) a. los obispos en sus palacios/b. las monjas encerradas en los conventos...” Claro que los misioneros hacen algo; y mucho. Pero su labor principal (que se nos suele olvidar, y a veces por desgracia incluso a ellos) es la de predicar la fe. Como escuché en catequesis a un sacerdote hace ya muchos años, “el Domund no es ir a África y darle pan a un negrito para que no se muera de hambre. Es ir a África, darle pan a un negrito para que no se muera de hambre y, mientras se lo come, explicarle el Credo...”.
En África, en Yamena en concreto, está desde septiembre y por un año Jean (aka “mi amigo francés”), en el curso de su formación en el seminario, colaborando en las tareas misioneras de una parroquia y del Centre Emmanuelle. Cuando la intermitente conexión se lo permite nos envía pequeñas crónicas de su trabajo, no por entretenidas menos duras, ya que la República del Chad no es precisamente una balsa de aceite. Y siempre pide muchas oraciones; espero que me ayudéis en la “colecta”...
Ayer tuvimos cuchipanda en casa de JPT, en San Lorenzo de El Escorial. Sofía y yo decidimos subir algo antes y darnos una vueltecilla por el monte, escogiendo para ello la ruta que rodea el bosque de La Herrería (donde tantas veces hemos subido a anillar) y pasa por la Silla de Felipe II, el lugar desde el que el rey prudente supervisaba el alicatado de las obras del monasterio en los ratos libres que le dejaban los rodajes en El Retiro... El bosque, coloreado con los mil tonos de ocres, amarillos y rojos del otoño, estaba bonito bonito; y como además lucía un sol radiante fueron muchos los paseantes con los que coincidimos a lo largo de la mañana. a
Entre las hojas que aún no se habían caído nos sorprendieron las de un melojo Quercus pyrenaica en concreto, de un tamaño descomunal, como se puede apreciar en la comparación con otra más normalita.
Pero sin duda las hojas más bonitas (“coquetas”, en palabras de la guía que nos iba marcando la ruta) eran las de los arces de Montpellier Acer monspessulanum, especie de arbolillo propio de los montes mediterráneos más “atlantizados”, que es relativamente abundante en La Herrería.
Y esto es más o menos lo que se ve desde la famosa “silla”. Y digo más o menos porque de hecho por un despiste mío nos perdimos y a la silla en sí no llegamos; pero por comparación con las fotos que he visto el panorama desde allá luce tal que así...
Cualquier motivo es bueno para celebrar una cuchipanda, pero ésta en concreto estaba más que justificada: festejábamos que nuestro Director hubiese conseguido una plaza de profesor titular. La cuchipanda escurialense anterior fue sólo para doctorandos, pero a ésta vinieron también el resto de profesores del BCV que pudieron y sus respectivas: un ambiente distinto, pero muy agradable también; la verdad es que con esta gente da gusto trabajar...
Cuando empecé la tesis, llevaba a cabo todo el trabajo de laboratorio en el Departamento de Genética. Hace dos años, cuando montamos nuestro laboratorio, pude pasar a realizar parte del trabajo en la planta 9. Se inició así un baile curioso: el que me obligaba a recorrerme varias veces la Facultad de un edificio a otro, con las muestras o cajas de hielo de acá para allá según tocase hacer una cosa u otra... a
Por fin, después del verano hemos concluido una serie de reformas y de compra de material que han hecho de nuestro laboratorio “uno de verdad”, en el que podemos hacer ya prácticamente todo el trabajo, desde que llega la muestra del campo hasta que salen los datos camino del ordenador... Ha habido un poco de todo: bastante mueble de IKEA, soluciones casi artesanales y mucha, mucha paciencia para tratar con los caprichos de obreros, proveedores y superiores. Pero el resultado, visto desde dentro, y sabiendo de donde venimos, es de sobresaliente.
¡Pero si hasta tenemos un aparato de aire frío y caliente! ¡Y persianas! Y es que esto lo necesitábamos como el comer, porque la diferencia térmica entre cada una de las fachadas del edifico es notabilísima, y la del laboratorio padece un clima continental extremo, que hace (hacía) que la temperatura varíe entre 7º en invierno y 35º en verano (y el termómetro de máximas y mínimas no miente).
Las reformas nos han obligado a poner los armarios un poco en medio de todo, en el sitio menos malo...
... pero al menos así podemos ocultar a la vista una esquina algo fea donde están una estantería con cajas de suministros, la máquina de hielo y la autoclave. Y además así, si a ésta le da por estallar, puede que gracias a los armarios tenga una oportunidad de sobrevivir.
Hacerlo todo en una misma habitación nos obliga ahora a tomar medidas de seguridad extras para evitar que las muestras se contaminen entre sí. Y entre otras historias tenemos que usar ahora una campana de flujo laminar y luz ultravioleta para montar las PCR’s. Es un incordio, pero mejor prevenir que lamentar.
Y dejo lo mejor para el final: el bicharraco a la derecha del microondas es un revelador de geles; y es la máquina que mejor ejemplifica nuestro cambio de aires, la que nos ha permitido librarnos del agobiante cuarto de geles de Genética, donde todo estaba contaminado con bromuro de etidio.
Muchos aparatos, pero sobre todo mucha ilusión: la de sacar algo grande adelante. Ahora será un poquito más fácil...