31/8/11

Los clásicos son para el verano

Verano, aunque no siempre sea sinónimo de vacaciones, sí lo es para mí de libros gordos; libros a los que, en otras circunstancias, no les habría dado ninguna oportunidad. Pero los días largos favorecen largas sesiones de lectura; y así las magnas obras de la literatura universal van cayendo poco a poco... Tenía La Divina Comedia en mi estantería desde hace más de un año, pero por una u otra causa no acababa de decidirme a empezarla, hasta esta temporada en la aldea. Y bueno, no es que me haya entusiasmado, y sus continuas loas a Virgilio tampoco ayudan mucho; pero es un trago que ha pasado con facilidad. Mucha mala leche respecto a cuáles de sus coetáneos mete en el Infierno es lo que he visto en general... En fin; de momento mi lista de títulos para los próximos meses está bastante completa: mucho Waugh y alguna otra cosa; no creo que me aburra.

30/8/11

A figueira do demo

El estramonio, la última serpiente del verano, sale en las noticias una y otra vez: hace una semana fueron dos los fallecidos por consumirlo; y anteayer un iluminado en un tris estuvo de seguirles... Y me hace gracia escuchar en el telediario y leer en los periódicos la frase de “hasta hace unos días nadie sabía de esta planta...” Bueno; pues mi abuela al menos sí sabía de ella, y desde pequeño me enseñó cómo era, contándome que dos niños habían muerto al comérsela. En fin, se ve que faltan abuelas en este país...

Abuelas y sentido común: a los lumbreras municipales de media España no se les ha ocurrido nada mejor que mandar las brigadas a arrancar cuanto estramonio crece en sus baldíos y ribazos. Dado que la mitad de lo que brota en el campo puede mandarle a uno a criar malvas, lo más sencillo sería prenderle fuego a todo, ¿no? Y ya de paso quitar las piedras, que cuando uno tropieza se lastima cosa mala...


27/8/11

Otoño interior

¿Qué ha hecho a esta mañana distinta de las del resto de la semana? Que, camino de la Facultad, la temperatura bajaba de la barrera sicológica de los 15º C; y por eso iba con sudadera… El inicio del otoño es bien recibido por todo el mundo, animales y humanos: se suavizan las temperaturas, vuelve la lluvia y verdean los campos otra vez; reviviendo un par de meses de apacible bonanza. Por todo el mundo… menos por mí; que nunca refresca a gusto de todos. No es que adore asfixiarme a 40 grados; pero desde luego lo prefiero al mazazo mental que me supone volver a la manga larga y a dormir tapado.
Como viene siendo habitual estos últimos años, después de las vacaciones empiezan unos días de trabajo frenético, para dejar cuantas más cosas listas antes de irme de estancia mejor. Y esos fines de semana a la sueca me hacen también perderme el paso postnupcial de pajarillos, que siempre es bienvenido… Los únicos que tienen a bien acompañarme son los papamoscas cerrojillos del pinar de Medicina, volando silenciosos y veloces como espíritus de posadero en posadero. Y se agradece el esfuerzo que hacen; pero agradecería más no ver por todas partes sus grandes y acuosos ojos negros, que les dan un aire de estar a punto de echarse a llorar… en fin, ni caso; hay días en que estoy de un humor que pa qué.

23/8/11

Un B&B en la JMJ #7

Participar en la Jornada Mundial de la Juventud le alegra la cara a cualquiera; pero son dos las imágenes que conservo en la memoria como más graciosas:
- La Plaza de Colón, para los que no la conozcan, está llena de escaleras y demás bloques de cemento donde la chavalería pasa las horas con patines, skates y BMX. Pues el jueves, durante el acto de bienvenida al Papa, pude ver cómo llegaban a gran velocidad por una calle dos, uno con su tabla y otro con su bici; y al salir a la plaza se quedaron literalmente petrificados, con la boca abierta y los ojos como platos, al ver cómo miles de peregrinos, que estoy convencido de que no sabían de dónde salían, copaban su sitio... Tras quedarse un rato mirando, mudos, se dieron la vuelta y se fueron, mirando de vez en cuando hacia atrás con la misma cara de asombro que al principio...
- Entre el sábado y el domingo, en Cuatro Vientos, me hizo mucha gracia ver también como el principal incordio, lo que peor parecían llevar gran parte de los peregrinos, no eran ni el calor de la tarde, ni el sol, ni la lluvia, ni la falta de agua ni el frío de la noche; sino los montones de saltamontes y de pequeños escarabajos tenebriónidos negros que bullían por doquier. Viendo las reacciones exageradas que vi, estoy seguro de que ni la mitad de los desmayados atendidos por los servicios sanitarios se debieron a golpes de calor.