Animales y un humano, y un cristal de por medio. Pero por una vez, soy yo el que está dentro; y no muy seguro quién es el observado y quién el observador... Los huecos que dejan las celosías de los ventanales de las escaleras de la Facultad son muy querenciosos para las aves trogloditas: la pareja de cernícalos anida en el lado de Geológicas, las palomas un poco donde pueden, y en el lado de Biológicas hay una colonia de grajillas Corvus monedula. Aunque el alféizar de las ventanas de la fachada norte, la mía, es mínimo, de vez en cuando las grajillas se posan allí; casi siempre a pares, pues estas aves se emparejan de por vida y rara vez se alejan el uno de la otra. Y a veces se posan allí, sin más, lanzando preguntas al aire con sus "quiak quiak" siempre interrogativos; otras se hacen carantoñas, completamente ajenas a lo que pasa a su alrededor; y otras por fin defecan o regurgitan una egagrópila con la más absoluta falta de pudor. Pero a veces, como ayer por la mañana, les da por mirar. Por mirar dentro y curiosear lo que estamos haciendo, con la cara absorta de un niño ante la jaula de un animal grande: con nerviosismo y el cuerpo girado por si el bicho hace un gesto brusco salir corriendo, pero al mismo tiempo con la curiosidad infinita del que se relaja sabiendo que el cristal mantendrá a la bestia dentro. Si al menos me trajeran cacahuetes...
16/1/13
15/1/13
Una viñeta...
... del blog de JaviP, que me hizo mucha gracia :-) Os iba a poner una canción; pero os salváis, que no la encontré, jeje...
14/1/13
¡Gracias, Sirin!
Gracias Raquel, por ofrecerte a poner coche y a llevarnos de un lado para otro con una sonrisa siempre en los labios. Gracias Vero, por ser capaz de situar en el mapa un lugar aparentemente igual que cualquier otro, perdido en medio de La Moraña. Pero sobre todo, ¡gracias Sirin, por tus ganas de mear! Aunque mejor empecemos por el principio...
Y "el principio" es que el sábado nos acercamos los cuatro por la mañana a la laguna de El Oso, trascurrido un año después de mi primera visita. Guarecidos del viento dentro del observatorio, pasamos la mañana viendo todo lo que se dejó ver; patos, básicamente.
Y es que había una buena diversidad de los mismos: ánades frisos, rabudos o cucharas, en la foto de arriba. Y silbones en la de abajo.
Y cercetas y azulones. Y agujas colinegras, zarapitos reales, agachadizas... lo suficiente para pasar el rato entretenidos hasta que los gansos, que habían pasado la mañana comiendo por los sembrados aledaños, llegaron a mediodía a beber, bañarse y sestear. Y en medio de los ánsares comunes dos ánsares caretos, que nunca sobran. Ya mientras nos marchábamos, todo el paterío se revolucionó cuando una de las águilas imperiales ibéricas de las que crían en la zona se paseó sobre la laguna, aunque sin hacer amagos claros de tirarse a por el almuerzo...
Nosotros sí lo hicimos, empero, y nos metimos un buen menú del día entre pecho y espalda. Templados ya por la comida, no nos arredró ver que las nubes se iban cerrando y descargando a ratos, e intentamos ponerle una buena guinda al día de pajareo, apuntando alto: en una visita a la zona hace tres años, al meter el coche por una pista de tierra Vero y sus acompañantes habían tenido la buena fortuna de toparse con un dormidero (los búhos duermen de día, jeje, claro) de una de mis bestias negras: el búho campestre Asio flammeus, una especie típica de áreas abiertas como juncales, brezales o cultivos, que cría en el suelo, reproductora escasa y moderadamente abundante en invierno en nuestro país. Vero había apuntado la localización aproximada del sitio en su día (¡benditos cuadernos de campo!), y dimos unas cuantas vueltas con el coche intentando localizar sin éxito alguna de estas bonitas aves. Ya desesperanzados, bajamos en un momento del coche para echar un último vistazo a lo lejos con los telescopios, y estirar las piernas y colocar todo con orden para volver del tirón a Madrid. La perra se acercó a mear a unas matas de la cuneta, que no levantaban ni dos palmos, y al hacerlo ¡se materializaron seis búhos, seis; que habían permanecido totalmente inmóviles en invisibles al pasar a centímetros de ellos con el coche unos instantes antes! Increíble...
Las aves además apenas se alejaron unos metros, y después de unos minutos se volvieron a meter entre los cardos del borde del camino, mimetizándose de una manera inimaginable para el que no lo ve con sus propios ojos... pero ¡vaya si los habíamos disfrutado ya! Ojalá todo lo que me tache este año venga tan bien dado...
12/1/13
Gavioteando en Manzanares
"¿Y si subimos el viernes después de comer a ver gaviotas al embalse de Santillana?" Bueno; no es que sea mi plan de pajareo soñado, pero.... ¿por qué no? Así que allí nos fuimos Bea, Miche, Enrique y yo ayer por la tarde, a iniciar la desconexión laboral del fin de semana.
Pero antes de dedicarnos a las gaviotas, teníamos un favor/encargo que cumplir en una de las fincas del entorno. Dentro, tres mulos...
... y un percherón; los cuatro bien majos. Jeje, con muros de por medio los bichos grandes no me dan miedo.
El encargo, de Chechu, era intentar leer anillas de las cigüeñas blancas que estuviesen ya por la zona; muchas de las cuales habrían nacido en la aledaña colonia de Prado Herrero (sí, claro que os suena; repasad las entradas de 2009...). Y había unas cuantas, pero anillada sólo ésta: X2C1
Con la "conciencia tranquila", ya nos dedicamos al gavioteo sin cortapisas. No me gustaba mucho el plan, decía, porque sabía que las bichas iban a estar muy lejos y además dentro del agua, con lo que no se les ven las patas. Pero las gaviotas siempre son gaviotas, y a nadie le amarga un dulce.
En cualquier caso, la nota pintoresca del día fue poder ver juntas las tres especies de patos de la subfamilia Tadorninae del Paleártico Occidental, aunque fuese con trampa, ya que la única que genuinamente debería verse allí era la hembra que había de tarro blanco Tadorna tadorna. Los demás eran un grupo de once (ocho en la foto) tarros canelos Tadorna ferruginea, especie habitual en este embalse; y tres gansos del Nilo Alopochen aegyptiacus que aparecieron hace nada, salidos sabe Dios de dónde, pero que volaban perfectamente.
Una tarde entretenida, y bastante es. Y hoy creo que toca más agua; ya mañana os cuento...
11/1/13
"Espejito, espejito..."
Cada año, millones de aves de miles de especies emprenden sus migraciones; y siendo tantas hay cancha suficiente para encontrarse cosas bastante curiosas, como todas las historias de avistamientos de rarezas que os comento de vez en cuando. Hay veces que las aves se pierden por culpa de las inclemencias meteorológicas, pero otras es algo interno lo que se les estropea; y ese es por ejemplo el origen de las migraciones especulares: en algunas especies, como las grullas o las anátidas, las rutas migratorias son en buena parte aprendidas; el animal joven viaja con su bandada y aprende hacia dónde hay que volar, dónde detenerse a descansar, etc. Pero en muchas especies la determinación de las rutas migratorias es genética y difícil de cambiar; y el pajarillo lleva dentro las instrucciones que, como a un pequeño autómata, le indican que en tal fecha (sorprende ver cómo, con datos de aves marcadas, estas fechas son casi invariables entre años) debe comenzar a migrar, volando en tal dirección durante tantos Km, para después girar y cruzar el mar, o un desierto, o una cadena montañosa, volado en tal dirección durante otros tantos Km... y así hasta llegar al destino. Y sucede en ocasiones que algunos individuos emprenden este viaje que llevan marcado en los genes... pero entendiendo todo al revés, de manera que en vez de volar con una dirección de 20º E desde su lugar de nacimiento migran 20º O, y así sucesivamente, realizando una ruta que es el fiel reflejo de la de sus congéneres, pero que le conduce a la otra punta del continente... ¿Y qué le espera allí? Pues normalmente la muerte, si no existen en la zona a la que sus genes equivocados le han llevado zonas apropiadas para invernar. Pero a veces el condenado bicho tiene suerte, y el sitio al que llega es adecuado para pasar la estación invernal. Y volverá en primavera a su tierra natal, criará, posiblemente sus descendientes hereden la tendencia de migrar "donde no deben"; y poco a poco se irá desarrollando una nueva zona de invernada regular para la especie. Este proceso está sucediendo en España con varias especies de origen oriental, pero que cada vez crían más hacia el oeste de Siberia, o incluso ya en el este de Europa; y que se presentan cada vez de forma más regular en nuestro país. Es el caso del correlimos pectoral, el aguilucho papialbo, la avefría sociable, el mosquitero bilistado o el mismo bisbita de Richard que me taché en diciembre, por ejemplo. Y hay veces en que a estos recién llegados les gusta tanto su nuevo hogar que, para sorpresa de todos, deciden quedarse a criar :-) Hace un par de días nos desayunábamos con la sorprendente noticia de que estos dos años pasados una pareja de águilas pomeranas Aquila pomarina había intentado criar en Cataluña. Aquí os la dejo...
10/1/13
9/1/13
Días lechosos
Días lechosos los que estamos teniendo, y los que aparentemente nos esperan en lo que queda de semana: una nube gris perla, inmensa y monótona, rodea la ciudad y se extiende en todas direcciones, robándonos el horizonte. La temperatura clavada entre 0 y 3 ºC, la humedad ambiental pegajosa como la resina; así debe de sentirse un yogur dentro de la nevera... Y en la Facultad, con unos fríos de Defensor del Pueblo tras estar dos semanas abandonada, la gente se debate entre las ganas de seguir pegados al radiador y las de acercarse a saludar a los conocidos y desearles "¡feliz año!". Y en todas las bocas el mismo tema de conversación: la intolerancia a la lactosa. A la lactosa meteorológica, se entiende...
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