7/4/12

Armonizando la vida familiar

Estos días en casa, con mi sobrina, uno comprueba fácilmente la descarnada sinceridad con que los bebés muestran sus afectos y odios por los demás miembros de la familia... y bueno, ciertamente no puedo pretender que la niña me adore, cuando apenas me ve y si coincidimos nos miramos con desconfianza mutua. A mis padres les quiere mucho más, claro; sobre todo “al abu”, que tiene una facilidad natural para hacer reír a las criaturas poniendo caras y haciendo todo tipo de ruidos. Ya os he contado alguna vez que mi padre canta, pero creo que no que además también toca la armónica, de manera totalmente autodidacta. Y bueno, saca las canciones de oído y no lo hace ni tan mal; y cuando mi sobrina está de malas la acalla bastante bien. Así que, por que no se diga, subo por rellenar un YouTube de Danny Boy a la armónica; mi padre desafina más o menos igual, pero hay que tener en cuenta que él solo conoce la canción de cantarla con la coral (y en “versión española” además, tipo: ...depaips depaips arcoolin/from glen tu glen...):

6/4/12

Triaje medioambiental

Siguiendo con el tema de ayer de los recortes, al Ministerio de Agricultura y Alimentación (ymedioambiente) también le ha tocado (o mejor dejado de tocar) lo suyo, y os invito a que apostéis cuál de las tres partes se va a llevar la del león... Leía en la Quercus de este mes un artículo de un biólogo, Salvador Herrando, que me descubrió una nueva perspectiva respecto a las limitaciones presupuestarias en conservación, que era la de las trías (o triaje, por emplear el galicismo de uso generalizado). El triaje, desarrollado por el cirujano francés Larrey durante las Guerras Napoleónicas es un sistema de clasificación de los heridos que básicamente busca, en situaciones en que no se puede atender a todos, dedicar los esfuerzos a aquellos con mayores probabilidades de salir adelante. Y hasta que han venido a decírmelo (aunque por lo visto el debate en Bª de la Conservación ya viene de lejos) no me daba yo cuenta de que normalmente los fondos de protección de la naturaleza no se invierten con este criterio más lógico, sino con el de mantener una especie de encarnizamiento terapéutico con los enfermos terminales. Y no me daba yo cuenta de lo absurdo que puede resultar con una visión global que una determinada nación o comunidad autónoma se empeñe en proteger la última población de una especie o un determinado hábitat relíctico que prospera sin problemas al otro lado de la frontera. Hala pues; reflexionad, reflexionad...

5/4/12

Recortes poco caritativos

Podría cabrearme, y me cabreo de hecho, por los recortes que imagino marcarán tendencia en los próximos años en Educación e Investigación, los dos temas que afectan de lleno al mundo en que me muevo. Pero lo que realmente me da pena (doblemente, porque parece que a poca gente más, a tenor del Nº de comentarios de cada noticia; una forma como otra cualquiera de medir su relevancia) son los recortes en las ayudas a los desfavorecidos, tanto a los de aquí como a los de fuera...


... en cualquier caso, lamentarse no sirve de nada y es hora de ver qué puedes hacer. Por eso a ti, lector con ingresos propios, te interpelo directamente: ¿qué porcentaje de esos ingresos destinas cada mes a ayudar a los que (aunque no lo creas, existen) están peor que tú? Hoy, Jueves Santo, es el día de la Caridad: caridad en su sentido pleno de amor excelente, en grado sumo. Amor por los otros que se traduce también (aunque no solo) en el afán por aliviar sus necesidades materiales. Porque, como se leerá esta tarde en el relato de la primera misa de la historia: “os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”.

4/4/12

Día de tren, día de lecturas

Por fin este año, después de muchos de autopromesas inclumplidas, estoy consiguiendo trabajar algo en Semana Santa; siguiendo el sencillo método de seguir yendo a una Facultad cerrada como si fuese un día normal. Y la inestimable ayuda de la compañía de Sofía por un lado, y de la cafetería de Forestales por otro (es muy útil para los pobres eso de que dos universidades con distintas políticas y estado de saneamiento de las cuentas compartan campus), me han permitido rendir bastante ayer y anteayer. Pero hoy toca ya subir a Orense, a pasar unos días en casa. Leyendo en el tren lo que se deje estaré yo, y para no dejaros a vosotros huérfanos de historias os enlazo esta tan curiosa de Es Madrid, no Madriz...

2/4/12

Duratón

Ya ha llovido desde que Javi y no nos metimos entre pecho y espalda una jornada de pajareo de las más agotadoras que recuerdo (1, 2 y 3), que comenzó tachándonos la alondra ricotí Chersophilus duponti en los páramos segovianos que rodean las hoces del Duratón. Casi tres años más tarde, volví el sábado con Vero (y con Sirin) en unas fechas y a unas horas menos sufridas para repetir la jugada. Fechas y horas más convenientes porque, en teoría, a comienzos de primavera, además de amanecer más tarde, las bichas están más activas, cantando más. Aún así el madrugón fue considerable, y una vez en harina la decepción fue grande, pues de las alondras no había ni rastro...
... ni de las ricotís ni de casi cualquier bicho viviente, para ser francos; salvo de las alondras totovías, a las que se escuchaba cantar (que no ver) por doquier. Yo tenía esperanzas de que muchas, si no todas las especies estivales estuvieran ya por aquí, pero parece que me pasé bastantes días de listo, para desgracia de mi compañera. Esperamos de pie estoicamente un buen rato y, cuando ya se nos agotaba la paciencia, comenzamos a pasear de un lado a otro: pero ni ricotís, ni terreras, ni bisbitas campestres, ni currucas tomilleras o mirlonas... Con todo y con eso no habríamos de volvernos a Madrid de vacío, pues una tempranera collalba rubia Oenanthe hispanica sí le permitió a Vero tacharse algo.
Cuando ya el sol calentaba algo en lo alto, cogimos el coche para seguir camino del priorato de San Frutos. Paramos de camino junto a un coche que llevábamos viendo toda la mañana aparcado a lo lejos, para saludar por “cortesía profesional” al hombrecillo que tranquilamente sentado asomaba sus prismáticos por la ventana. A nuestra pregunta de si había habido suerte con las alondras, el paisano contestó sin que le cambiase la cara que teníamos una justo al otro lado del coche...

Y la foto es mala, por supuesto; pero demuestra que lo de “al otro lado del coche” era literal. Y la supuesta “ave de hábitos reservados, que se escabulle corriendo como un ratón cuando uno se acerca” se quedó allí cantando sin inmutarse sobre una piedra mientras bajábamos del coche para montar los bártulos, sin que dejaran de pasar de cuando en cuando coches camino del priorato a velocidad de vértigo, como si siguiésemos en la A-I y no en una pista de tierra...

Cuando el bicho puso fin a su concierto, seguimos nosotros también camino de San Frutos, que está en un sitio espectacularmente bonito; tanto que ni la progresiva marea de turistas resulta molesta. Por los paredones rocosos se mueven buitres leonados y alimoches, águilas reales, culebreras, halcones peregrinos, cuervos, chovas, grajillas, roqueros solitarios... y toda la panoplia de aves de los cortados del centro peninsular.

Un alimoche Neophron percnopterus. La cercanía y tranquilidad con que se disfruta aquí de los bichos rivaliza con la de los mejores miradores de Monfragüe. Al agotárseme las pilas de la cámara e ir a echar mano del paquete que siempre llevo en la mochila, descubrí que por supuesto en esta ocasión no las llevaba; así que os toca conformaros con fotos solo de por la mañana. Tras comer nos dimos un paseo muy agradable por una senda llamada “de los dos ríos”, que rodea totalmente el promontorio sobre el que se alza Sepúlveda, discurriendo junto a los cauces del Duratón y el Casillas. Y aunque pudiera concluir con un “poco más”, nada tiene de poco pasar un día tan completo en buena compañía.

Mis acompañantes, remedando una conocida escena de Parque Jurásico...

1/4/12

Melindres

A mayores de las omnipresentes palmas ilicitanas, en Madrid por supuesto se venden hoy también ramos. Ramos de olivo, para más señas; olivo entre el que los gitanos disimulan el excedente de romero que no consiguen colocar el resto del año. Y es que en Madrid no crecen bien los laureles, planta con la que desde pequeño he asociado este día. Yo llegué a pasar pocos Domingos de Ramos en la aldea; allí los ramos de los niños se adornaban con cintas, caramelos y melindres (pequeñas rosquillas con un fuerte sabor anisado), que había que esperar a comerse hasta que acabara la Misa; y eso si no se los comía el perro antes en un descuido, que los críos pequeños pueden ser muy tontorrones...
Melindres en el ramo, aunque durante el evangelio, como en los oficios de Viernes Santo, se lea el relato completo de la Pasión. Pasión cuyas hieles bien merecen la pena, si empiezan con melindres y acaban con la dulzura más excelente de la Pascua...