16/10/11

“...que somos cinco o seis”

Finalmente ayer por la mañana, espoleados por Sofía, nos acercamos los tres a Saint Andrews Square, donde se había convocado a la una la concentración indignada del 15 de octubre en Edimburgo. Tras hacer unas compras en Princes Street, nos acercamos confiando en que el barullo nos indicaría dónde encontrar al resto de la gente. Pero para nuestra sorpresa, el único barullo que se escuchaba era el del tráfico; y al llegar a la plaza se nos enfriaron un poco los ardores revolucionarios al ver el escueto número de asistentes. En cualquier caso, allí nos mezclamos con ellos.
Pasando el tiempo se fue juntando más gente, y cuando nos fuimos de allí a comer algo la plaza ya presentaba un aspecto más decente, y empezaba a animarse con tambores y demás. ¿Es de extrañarse que los manifestantes fuesen tan tardones, teniendo en cuenta que la gran mayoría parecían ser españoles e italianos? :-) Por lo demás, el ambiente extremadamente tranquilo, con los pocos policías presentes charlando animadamente con algunos de los manifestantes. Nada que ver con la que cuatro descerebrados han querido liar en otras partes...

En fin, que es un comienzo. Desde mi punto de vista, todo este movimiento nacido en Sol aglutina gente con anhelos demasiado dispares como para llegar a concretar en nada, al menos a corto o medio plazo. Pero como aquí cabemos todos, y mis cabreos siguen presentes, pues aunque sea como vía de escape, bueno será mientras dure. Gracias a Jaime por las fotos, por cierto. Otra vez.

15/10/11

¿Y yo qué hago aquí,

sentado en casa escribiendo una entrada, cuando fuera casi hace sol...? Pues la verdad es que no lo sé. Recuerdo cada vez más vívidamente una conversación con Iván durante el primer verano de muestreo curruquil, en 2008. En cada sitio en que parábamos y colocábamos toda la panoplia de trastos que usamos en el campo, yo sacaba siempre mis prismáticos y los dejaba al alcance de la mano, por lo que pudiera pasar. Iván, un poco por picarme, un poco porque tal vez se sentía como yo me siento ahora; me dijo que ya vería, que a medida que fuese avanzando en la tesis iría perdiendo también el gusto “de aficionado” por el pajareo, que iría dejando cada vez más de salir al campo a ver bichos... Lo negué rotundamente; con la misma vehemencia con que Pedro aseguró que nunca traicionaría a Nuestro Señor. Y aquí me tenéis... por frío, por lluvia, porque hay que ir a hacer la compra, porque tengo que quedar con X, porque a lo mejor quedo con Y... por un millón de justificadas excusas; por pereza, al fin y al cabo, he ido sacando los bichos de mi exigua lista de aficiones. Al que se aburra mucho le invito a que recorra un poco este blog a modo de diario, y compare los primeros meses del mismo con los actuales; yo ya lo he hecho.


En fin, hoy en concreto sí que tengo excusa: este fin de semana no tenemos invitados oficiales, así que le hemos dicho a Jaime que se venga a pasarlo con nosotros; y algo haremos... Mientras, espero que se me vaya pasando la tontería, antes de que vuelvan a entrarme ganas de vender el telescopio y alguno de vosotros se lo quede por un plato de lentejas...

14/10/11

Lo malo de Spotify...

... aunque me salva la vida cuando toca planchar, es que se pierde uno los videoclips.

13/10/11

Berzotas

De pequeño en la aldea me fascinaba ver las gotas de agua sobre las berzas... ver cómo resbalaban por la glauca superficie encerada de la hoja, sin dejar ni traza detrás, como si fuesen de azogue...


Al igual que en Suecia, en esta Facultad si uno se empeña puede pasar la semana entera saltando, cual ardilla de biblioteca, de charla en charla, de seminario en seminario y de journal club en journal club; y llegar al viernes por la tarde pareciendo un científico bien informado sin haber dado un palo al agua. A Sofía y a mí nos apuntaron nada más llegar en nosecuántos grupos de discusión de estos; pero realmente solo nos dejamos ver en el journal club de los miércoles por la mañana, que es así como el más inexcusable. La verdad es que no me gusta demasiado el enfoque que se le suele dar a estos lances: el encargado de turno saca a la palestra un artículo reciente y rompedor, cuanto más lleno de modelos y ecuaciones y menos bichos reales mejor; y los cuatro enterados de la sala se dedican a despellejarlo mientras de estudiantes de doctorado se miran entre sí intentando que no se les note que a) no lo han leído (muchos de los enterados tampoco) b) lo han leído siete veces y siguen sin entender ni papa. Y yo el primero. En estas reuniones siento fluir la Ciencia a mi alrededor, pero las aprovecho tanto como la berza el agua que escurre por sus hojas. En fin; al menos durante la de ayer parí el esquema de esta entrada...

12/10/11

Cerveza

Ya os dije ayer que en tiempos Edimburgo era famosa por lo mal que olía. Hoy la ciudad sigue oliendo, pero no mal: desde las primeras jornadas que echamos aquí, notamos que casi a diario flotaba en el aire una especie de olor a comida, como de algún tipo de asado; que no cabía atribuir a ninguno de los muchos restaurantes y puestos de comida rápida, ya que parecía estar en todas partes. La duda nos la solventó el guía de la excursión por las Highlands: ese olor proviene de las fábricas de cerveza y las destilerías de whisky esparcidas por las afueras, y por lo que he visto en una búsqueda rápida por Internet es un tema de conversación recurrente entre los parroquianos...
... Pero a mí, que disfruto tan poco de ella como de su hermano mayor, la palabra “cerveza” me recuerda sobre todo una famosa canción:

11/10/11

Princes Street

El centro de Edimburgo está dividido en dos núcleos principales: la Old Town (“ciudad vieja”), medieval, con su miríada de callejones y edificios principales mano a mano, coronada por el castillo; y la New Town (“ciudad nueva”), georgiana, racionalista; de calles trazadas con tiralíneas. Y entremedias, un vallecito. Ese valle fue represado en tiempos para crear un pequeño lago, el Nor’ Loch, que sirviese de foso defensivo de la Old Town. Y al estar todas sus calles en pendiente, se convirtió también en la cloaca general, lo que le valió a Edimburgo el apelativo en escocés de Auld Reekie (“la vieja apestosa”); y era fama que los viajeros podían oler la ciudad mucho antes de verla...

Pero al construir la New Town tuvieron el buen juicio de drenar semejante ciénaga, que con el paso de los años se ha ido convirtiendo en Princes Street; una suerte de Gran Vía a la escocesa, la arteria comercial de la ciudad. Y el valle, en un jardín muy apañado. En el centro del mismo se halla The Mound (“el montículo”); una elevación que parte el valle en dos. Esta se formó por la acumulación de todos los movimientos de tierra y escombros generados al construir la New Town, y sobre la misma se encuentran la Galería Nacional de Escocia y la Real Academia Escocesa; arte y literatura de la mano.

Desde The Mound, mirando hacia el este, el Monumento a Walter Scott y el enorme torreón del Hotel Balmoral atraen todas las miradas. Al fondo North Bridge, el puente que salvando el valle comunica ambas “ciudades”. Y bajo el mismo Waverley, la estación central de ferrocarriles.


El citado monumento es bastante curioso: toda una estructura de un barroquismo exagerado que alberga debajo, empequeñecida por el conjunto, la estatua del escritor nacional de Escocia, inventor de la novela histórica. Al monumento también se puede subir, y desde arriba “hay unas magníficas vistas”. Pero en esta ciudad se puede subir a tantos sitios desde los que hay unas magníficas vistas que no merece la pena pagar por uno más...


Y para los que se quejan de que nunca salgo en las fotos aquí me tenéis, bien acompañado por Jaime y Sofía. He vuelto a tirar de las fotos de los tres para ilustrar esta entrada, así que agradecérselo también a ellos...

10/10/11

Las focas melómanas

¿Os suena? (de aquí)


Como ya he dicho en otra entrada, las guías de naturaleza de mi niñez, editadas para jóvenes centroeuropeos, resultaban a veces de difícil aplicación en un contexto peninsular. Mis preferidos eran sin duda los de la colección de “La Senda de la Naturaleza”, publicados en español por la desaparecida Plesa-SM. El de arriba (que, aunque se titulaba “animales salvajes”, trataba solo de mamíferos), incluía una ecléctica colección de recomendaciones: desde construir plataformas en los árboles para observar ciervos hasta atraer tejones con pan con mantequilla. Pero, sin lugar a dudas, la que se llevaba la palma era la ya citada de tocar la armónica en la playa para que las focas, curiosas ellas, se acercaran a uno. Y ya podía ponerme yo a tocar la armónica en Sanxenxo de pequeño; o llevar a la Real Banda de Gaitas al completo, ya puestos, que malamente se iba a acercar ninguna foca por allí... pero creo que todavía conservo esa ilusión.
... Todo esto para vestir el hecho de que ayer, de camino a Saint Andrews (otra vez) en el tren con los padres de Sofía, pudimos ver perfectamente una foca, en equilibrio precario sobre una roca, como suelen hacer, levantando a la vez ambos extremos del cuerpo. Y no era por suerte una foca común, como las que me había tachado en Suecia, sino una foca gris Halichoerus grypus; así que un nuevo bicho p’al cuerpo :-) Esta foca, relativamente común en las costas rocosas del Atlántico norte (la común ocupa preferentemente costas arenosas), es la que con mayor frecuencia se presenta en aguas ibéricas. El nombre científico (“cerdo marino de morro ganchudo”) hace referencia al perfil "romano", de nariz convexa de los machos de la especie. Pues hala, ya podéis iros hoy a la cama contentos, con tantas cosas nuevas que sabéis ya...