10/7/15

Garbanzos y gaios

Garbanzos
Disfruto comiendo cosas distintas, pero en general el aburrimiento que me produce cocinar no compensa el posible placer a descubrir, y si de mí depende vivo tan tranquilo a base de una serie de platos la mar de simples. Las pocas veces que coincidimos en casa, normalmente es mi hermano el que se ocupa de cocinar, y al que se le da mejor ensayar innovaciones. Pero como esta semana está de vacaciones con el resto de mi familia por la Costa Brava, pues me animé a preparar faláfel un día.... con resultado incierto, ya que no suelo preocuparme mucho de seguir al milímetro las recetas de cocina. La masa pasó del marrón al violeta y después al verde, al son de los distintos ingredientes; y después al pardo tras quemarse en la sartén. Pero sorprendentemente manteniendo un sabor bastante agradable...

Y un arrendajo comiendo garbanzos
Se unieron en mi cabeza los experimentos con garbanzos y el verano, y acabé yéndome por las ramas, recordando las veces en que mis abuelos los sembraban en Vilar de Barrio. Los recuerdo como un cultivo un tanto inútil, porque daban un rendimiento por mata bastante bajo y además no se plantaban más que dos o tres hileras, por lo que al final, después de debullar las vainas, no creo que sacáramos en limpio mucho más de un par de kilos; un entretenimiento, como quien dice. Pero las hileras de garbanzos representaban para mí un entretenimiento real, una fuente de emociones para el naturalista en ciernes, pues localizándolos no sé muy bien cómo desde las entrañas del bosque, los garbanzos representaban un reclamo casi irresistible para los arrendajos, los gaios, aves cuyas observaciones se cotizaban mucho en mi niñez por lo grandes, coloridas y huidizas; y que atraídos por esta leguminosa dejaban la espesura y venían hasta la huerta de casa... hasta que alguno de mis abuelos los espantaba gritando por la ventana, y me recriminaba a mí estar mirando como un pasmarote cómo se comían los garbanzos sin hacer nada... algo sí que hacía, supongo: incubar las entradas futuras de este blog.

8/7/15

Arroyo de la Angostura

 El cauce que desagua de la laguna de Peñalara, engordado por los aportes de distintos arroyos menores, recibe ya pasado Rascafría el título de río, con el nombre de Lozoya. Pero antes, cuando todavía discurre bajo el Puente del Perdón junto al Monasterio de El Paular, sigue conociéndose con el nombre menos pomposo de arroyo de la Angostura.

Tras bajar de Peñalara, y después de comer, la tarde se convirtió en un festival de bichos y plantas que sería demasiado tedioso de contar al detalle; todos relacionados en mayor o menor medida con la humedad de la zona. El valle del Lozoya, que atraviesa transversalmente el norte de la Comunidad de Madrid cercado por cordilleras de no poca altura, conserva el frescor mucho mejor que las tierras más al sur, y por ejemplo árboles norteños como los abedules, que en otras partes de la Sierra aguantan a duras penas, crecen aquí lozanos junto al arroyo.

Estas hepáticas, de especie para mí desconocida (adenda: ya sé qué es, es del género Marchantia), extendían también sus paragüitas a la vera del agua. Estas estructuras son en realidad la generación esporofítica de la especie, que en los briófitos, al contrario que en las plantas "superiores" (traqueófitos) representa la "generación débil", supeditada al gametófito, que es el que crece en forma de lámina... pero no me voy a meter más en explicar la doble generación sexual y asexual de las plantas, que no es cuestión de desarrollar aquí en un párrafo lo que ocupa sus buenas horas en la Botánica de la carrera... 

 No tengo ni idea de cuál es la hepática anterior, pero en cambio esta orquídea, que crecía con cierta abundancia bajo los árboles del soto, estoy razonablemente seguro de haberla identificado correctamente como Dactylorhiza elata.

 Es una especie tremendamente variable, y plantas con las flores lila, rosa pálido y blancas crecían hoja con hoja.

 De entre las muchas mariposas que vimos a lo largo del día, sólo esta Zygaena se dejó fotografiar a gusto, entretenida como estaba con las flores del yezgo (Sambucus ebulus). Si os apetece saber cuál es podéis probar con esta sencilla clave que recoge las "apenas" 25 especies de Zygaena ibéricas. Y me comentáis a ver a qué resultado llegáis, para ver si coincidimos...

 Poca duda cabe en cambio a la hora de identificar al lagarto verdinegro Lacerta schreiberi, endemismo del NO ibérico que en el Sistema Central busca las zonas más umbrías como la cierva las corrientes de agua. Vimos dos hembras, tan tranquilas que se dejaron fotografiar sin problemas, y un macho que en cambio no quiso ponerse a tiro; aunque no tengáis pena, que ya se habían difuminado bastante sus espectaculares galas nupciales.

 En el propio río encontramos otra especie nueva y curiosa para mí, pero a la que no pude sacarle foto tampoco: cangrejos señal Pacifastacus leniusculus, la especie introducida y también americana que sustituye al cangrejo rojo en las zonas así más de montaña.

 Una culebra viperina Natrix maura, la especie de culebra que más veces veo a lo largo del año (como se aprecia por el número de veces que sale en este blog), y que además encontramos el domingo en grandes cantidades. Peces desde luego no les faltaban, pues el río bullía de cardúmenes de cachos entregados a la freza...

 Este otro ejemplar en cambio no parecía ni frezar ni hacer gran cosa con su vida...

Ya para cerrar, muchas gracias a Andrea y Álex, Marly y Manuel, por sacarme de casa a ver tantas cosas bonitas. Que no sabéis lo que se agradece...

7/7/15

Primavera serrana

 Aunque seguramente no falte mucho para que llegue el otoño a El Corte Inglés, lo que acaba de llegar a la Sierra es la primavera. Allí subimos el domingo, como miles de madrileños más, hasta la laguna de Peñalara, a disfrutar de las temperaturas mucho más suaves que las de la capital, a cambiar el pardo por el verde.

 Por el verde y por las flores: empezando por esta Campanula herminii, endémica de las montañas de la mitad sur de la Península y que crecía allí donde algún arroyuelo escurría entre las rocas.

Siguiendo con esta Linaria nivea, de distribución todavía más restringida que la Campanula, al Sistema Central y la Sierra de Guadalupe, pero más abundante en los bordes de los caminos que la especie anterior.

Y terminando con la genciana amarilla Gentiana lutea, que con ser la de distribución más repartida, por las montañas de media Europa, era la más escasa de las tres flores que os enseño hoy, pues apenas sí vimos dos pies.

Vamos con algún bicho: tras llegar volando torpemente y aterrizar en un borde del sendero, sobre este cerambícido se abalanzaron unas cuantas hormigas rojas, de las que consiguió librarse a duras penas. La cubierta externa de casi todos los escarabajos es gruesa y está muy pulida: esta especie de armadura medieval les hace moverse con torpeza, pero les salva de los aguijones y mandíbulas de estas cazadoras formidables y de tantos otros merodeadores.

De alguna lagartija que otra les salvará también. Vimos tres especies en la montaña: nada más empezar a andar, en la pared del centro de visitantes, una lagartija ibérica noroccidental Podarcis guadarramae, explorando los límites de la distribución altitudinal de su especie.

Las más abundantes fueron las lagartijas roqueras P. muralis, la lagartija típica de la España más norteña y de las partes altas del Sistema Central, que se distingue medianamente bien de su pariente de arriba cuando se les puede ver la garganta, mucho más coloreada en esta última especie.

No vimos en cambio muchas lagartijas carpetanas Iberolacerta cyreni, y las pocas que vimos resultaron ser además muy huidizas. Me fastidió, pues esperaba sacar mejores fotos de los machos más verdes, como el de la imagen.

Llegando ya hasta la laguna, enseguida nos salieron al paso los acentores comunes Prunella modularis de la zona, más que acostumbrados a hacer monerías delante de la gente para mendigar alimento.

Y con esta vista de la laguna cierro la entrada de hoy. Aunque no subimos demasiado pronto, la verdad es que subimos y bajamos bastante deprisa. Y nos vino bien, pues algo más abajo en Rascafría nos quedaban aún muchas cosas por ver y por hacer...

6/7/15

Un biólogo y becario por tierras del Cid

 Por el agujero a modo de ventanuco (¿fue realmente una ventana, en tiempos?) del único lienzo de mampostería que le queda en pie al castillo, se intuye un paisaje que, aunque podría corresponder a muchas regiones de España, casa bastante bien con la idea que uno tiene de Castilla la Vieja.

 Y en Castilla la Vieja, y viejo como ella, de topa uno con San Esteban de Gormaz, donde acompañé a Raquel y Vero el pasado sábado, para verlas por última vez antes de que este verano vuelvan a Camboya. Y mientras ellas atendían unas obligaciones laborales, yo me di una vuelta por la villa para ver qué podía ofrecerme.

 Y en el menú del día tocaba, por ejemplo, Románico: empezando por Santa María del Rivero, una iglesuca que, pese al brillo de los recién restaurados frescos del interior y a una serie de edificaciones de nueva planta anejas a su nave, no puede ocultar que lleva ya unos cuantos siglos viendo nacer y morir a los sanestebeños.

 Los capiteles de la galería porticada, para más inri de piedra caliza, dejaban ver bien a las claras el paso del tiempo. Éste me pareció curioso y le saqué una foto, pero al verlo luego en el ordenador creo que le di in situ una interpretación por completo errónea: allí me pareció un ternero mamando de las ubres de su madre, pero ahora creo que lo que tomé por culo de vaca es en realidad cabeza de león, león que se estaría abalanzando sobre el buey del que parece intuirse una cabeza desprendida... nada que ver, ya me diréis; cosas de la erosión.

 Este otro no se conservaba mucho mejor, pero me pareció bastante más claro ver un Sansón barbudo entendiéndoselas con otro león. Y si no es así, que el que sepa me corrija.

 Más Románico: San Miguel, una iglesia aparentemente con la primera galería porticada de Castilla, modelo de todas las que vinieron después. Pero con un siglo más a cuestas que Santa María, de los capiteles poco se salvaba ya.

Y desde lo alto de la mota, con el castillo a la espalda, el curso del Duero, de sus distintos brazos y afluentes, se intuye siguiendo las serpenteantes hileras de chopos que se pierden en el horizonte. Y el río que discurre bajo los 16 ojos del puente de San Esteban da nombre también a la denominación de origen de los vinos que se guardan en las bodegas excavadas en la roca de la propia colina, como la que se ve en primer término...

¿Os extraña ver una entrada tan "cultural", sin un mal bicho que ocupe las líneas -leones aparte-? Bueno, por nosotros no fue, pues antes de comer probamos suerte sin éxito con los halcones de Eleonora sorianos... pero por mucho que nos tire el campo no vayáis a pensar que no tenemos ojos para nada más, ¿eh? Y en todo caso, si es que había algo que compensar, ya lo hice el domingo... para la siguiente entrada lo dejo.

3/7/15

Armas químicas

Aunque el artículo original de Nature es de 1981 ya, yo no me enteré hasta esta semana, y me pareció algo tan sorprendente que creí que se habría descubierto hace nada... la historia, que podéis encontrar aquí desarrollada por extenso y con mucha más gracia, no tiene desperdicio: técnicamente consiste en que las larvas de una especie africana de crisopas, que viven dentro de termiteros alimentándose de sus legítimas ocupantes, liberan a partir de unas glándulas del abdomen unas alomonas gaseosas que tienen un efecto paralizante sobre las termitas (pero curiosamente no sobre otros insectos). Una vez la infortunada termita está paralizada, la larva de la crisopa se la puede comer tranquilamente... Eso "técnicamente". Pero dicho de otra manera más campechana, la larva de crisopa se tira un pedo paralizante en las narices de la termita. Y funciona.

2/7/15

Entretenimiento bimestral

Os dejo con el número de verano (julio-agosto) de EMNMM, con un reportaje sobre uno de los bichos más carismáticos del bosque a cargo de quien ya sabéis. Pero no os perdáis en este mismo número las creaciones de un pavo llamado Klaus Enrique, yo desde luego alucino con lo que da de si la mente de algunos...

1/7/15

Mejor escoger a otro...

 En la lista de investigadores canadienses con los que contactar para redactar conjuntamente una solicitud postdoctoral, me encontré ayer con este pobre hombre:

Sabiendo que al desgraciado le quedan cinco meses justos, mejor pedirla con algún otro, ¿no? No vaya a ser que se prolongue más de la cuenta el periodo de resolución...