28/10/07

Las puertas de la Nueva Ciudad/Se abren para ti...

No había escuchado esta canción hasta hoy; no era tampoco demasiado fea...
Poco después de regresar de la aldea supimos que íbamos a tener que volver antes de lo que planeábamos; la tía Isabel, hermana mayor de mi abuela materna, acababa de fallecer. Hace algunos años, cuando vio que los suyos ya no le permitían desenvolverse sola en la aldea, decidió internarse voluntariamente en el asilo de las Hermanas de los Ancianos Desamparados de Orense, donde se fue consumiendo poco a poco hasta apagarse ayer a los 95 años.
Suelen sorprenden estas muertes que, por esperarse de un momento a otro, se le van a uno de la cabeza y se presentan cuando uno menos lo pensaba. Por eso ha sido hoy un día un poco raro, donde nos hemos puesto a comer a la una y media porque mi hermano tenía que volverse a Madrid y nos hemos atiborrado de centollas aportadas por mi hermana Alda, cocido, castañas y tarta de Santiago; porque un domingo en que nos juntamos los ocho siempre es algo excepcional.
No deja de ser un detalle del Cielo que mis últimos parientes cercanos en fallecer lo hayan hecho en sábado; es de agradecer que la Virgen le cierre a uno los ojos con una caricia de madre...

27/10/07

Sonrisas sin afeitar

A medida que se acerca el mes de noviembre y avanza el otoño, un nuevo sonido se añade al sosegado coro nocturno del souto: el golpe sordo de los ourizos al caer de los castaños; la melodía de las noches de luna llena de O Incio en los relatos de Fole...
Cuando el monte vira del verde al ocre, llega la época de recoger las castañas. De pequeño era una de las tareas que menos me gustaba debido a mi arraigado temor por las espinas; hurgando entre las hojas siempre acababa pinchándome con algo. Y además estaba el temor de que el siguiente erizo en caer lo hiciese sobre mi cabeza...
Esta mañana mi madre y yo nos hemos acercado hasta la aldea, y hemos vuelto a casa con una bolsa mediada de castañas; estoy deseando hincarles el diente :-D

26/10/07

Gaudeamus pintxitur

Finalmente, nadie se decidió a venir a disfrutar de unos días en Palma durante el puente de Todos los Santos; y como la semana que viene todos los de mi grupo estarán de congreso en Barcelona, pues para estar yo solo delante del ordenador tanto da que esté en Palma o en casa, así que desde casa escribo ahora...
Dejé atrás Palma, regada por el enésimo monzón de la temporada, y llegué a un Santiago donde la ausencia de nubes hacía del cielo un auténtico campo estrellado. Cuando reservé los billetes no lo sabía, pero tuve la buena suerte de que ayer se celebrara en mi antiguo colegio mayor el acto de apertura de curso, por lo que nos juntamos allí un buen montón de antiguos residentes, con lo que hubo ocasión de entretenerse contando batallitas hasta las tantas. Lección magistral de nivel, Gaudeamus igitur de nivel y pinchos de mucho nivel; inmejorable, para variar.
Hoy llegué ya a Orense a comer, para alegría de mis abuelos, que no sabían que venía. Por la tarde acompañé a mi madre, flamante estudiante universitaria de cuarto ciclo, al acto de graduación de los que habían acabado el curso anterior: De nuevo conferencia, Gaudeamus y viño de honra; ya echaba de menos el ambiente universitario...

25/10/07

Por una vez, buenas noticias

No sé si cuando os lo pedí firmasteis o no... Con este tipo de campañas soy bastante escéptico en general, pero, por una vez (y esperemos que precedente de muchas), hemos triunfado :-).

24/10/07

Ya me comen, ya me comen/Por do más pecado había...

Alguna vez he entrado en el tema de por qué los que saben de letras son cultos y los que saben de ciencias son frikis, pero no me voy a detener ahora en esto. Baste decir que años ha, por emperrarme en este absurdo complejo de inferioridad, llevaba a gala el no haber leído nunca el Quijote, así como alardeaba de haber estado en París tres veces sin ver el Louvre más que por fuera, necio de mí...
Pero fui creciendo y dejando de lado los radicalismos de adolescente, y el verano pasado Homero obró el milagro; cayeron las escamas de mis ojos y descubrí que había vida más allá de Durrell y de Wohl. Este año pues me dispuse a leer con un poco de respeto y un mucho de curiosidad “la mejor novela de todos los tiempos” (o, al menos, eso ponía en la contraportada)...
... Y ha sido maravilloso. En cuanto mi mente se acostumbró a los rasgos particulares del castellano del Siglo de Oro, la cuenta que daba Cervantes de la de las andanzas del Caballero de la Triste Figura fue calando en mí cada vez más hondo, impeliéndome a leer sólo una hoja más, y prolongando esa hoja hasta que me quedaba dormido de puro cansancio, con el libro abierto y la luz encendida. En Madrid, en las sobremesas serenas de la aldea, en las interminables horas en ferry camino de Alhucemas... Amo y escudero me acompañaron, me animaron, me hicieron reír y me instruyeron humana y espiritualmente, cosa que puedo decir de muy pocos de los pocos libros que he leído.
Calculé mal el tiempo que me llevaría leerlo y vine a Mallorca dejando el libro en el capítulo XL de la segunda parte, confiado en que nada más llegar encontraría quién me lo dejase para terminarlo. Pero, ¡oh tragedia, que nadie lo tenía! Perdida ya toda esperanza, al mes de aterrizar en Palma mi jefe rescató unas Obras Completas de Cervantes de su casa, y pude así dar fin a la lectura del texto. Lectura que recomiendo. A todos.
Y ahora... Tengo una serie de ideas en mente, pero ¿qué me recomendáis?

23/10/07

Quemado...

Muchas veces me pasmo del poco interés que tanta gente de mi edad manifiesta por lo que sucede en España y en el mundo, como si el ignorar los problemas los hiciese desaparecer. Sin embargo, a veces es mejor no ver el telediario...

Se me ocurren tantas barbaridades que mejor dejo que hablen otros. Me pregunto si ese primo catedrático suyo es el que le explicó lo de los hilillos de plastilina...
Sin embargo estoy de acuerdo con él en que hay problemas mucho más importantes que el cambio climático:

Sin palabras, realmente. La rabia le hace a uno levantarse del sillón con ganas de pegarle a la tele, pero... Piénsalo un momento y contéstate serenamente: ¿que harías tú si fueses el chico que está sentando contemplando la escena pasivamente? Yo... Prefiero no juzgarle.

Mandarinas


La semana pasada, al ir a la frutería, me llevé un alegrón al ver que ya volvía la temporada de las mandarinas (o mondarinas); una de tantas cosas buenas que tiene el otoño.
Desde pequeño son una de mis frutas preferidas. Solía yo merendar in illo tempore una mandarina y un plátano, y mi hermano aprovechaba para hacerme rabiar diciéndome que comía comida de mono, que él había ido una vez a un zoo y que el suelo de la jaula de los chimpancés estaba lleno de mondas de estas dos frutas... Y ya la teníamos armada, cómo no.
Empieza pues ahora la temporada, y las distintas variedades de este cítrico irán llenando los estantes de las fruterías hasta casi la primavera. Todas ricas, algunas más que otras; pero todas se pelan igual...