7/4/15

Libertad castellana

"... pufff... es que este paisaje, que mires donde mires es todo igual, no me gusta nada; ¡es que me agobia! A mí es que me gusta mucho más la montaña: eso que te subes, y ves los montes, y tienes esa sensación de libertad, ¿no sabes...?"

Esta frase suelta, captada ayer en el tren de vuelta a Madrid, me tuvo entretenido y dándole vueltas. ¿Acaso no debería sentirse uno más libre cuando, por más que mire en todas direcciones, no vea ninguna barrera que le impida moverse, como cuando el Alvia atraviesa Valladolid? Cuando uno va a Pirineos por ejemplo, estará en un valle muy bonito y todo lo que uno quiera, pero confinado en ese valle a fin de cuentas. Lo mismo desde una cumbre cualquiera: uno ve las otras que lo rodean, un horizonte limitado... Lo relacioné, y os va a hacer gracia, con un acuario, que es un tema que tengo en la cabeza porque estos días de Semana Santa he estado muy entretenido echándole ojeada tras ojeada a diversas revistas y libros de acuariofilia que tengo circulando por Orense. Uno de los consejos típicos para cuando se tienen peces tímidos, que se pasan el día escondidos, es precisamente llenarles el acuario de refugios: la idea es que, cuanto más seguro se siente el pez, más envalentonado se siente y se deja ver más, sabiendo que tiene huecos donde esconderse si pasa algo a la vuelta de cualquier recodo. ¿Tendremos miedo al exceso de libertad del paisaje castellano, sin un mal árbol al que subir si aparece un león...?

6/4/15

Cefas

Lucharon vida y muerte en singular batalla
y muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.
¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?
A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
los ángeles testigos, sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

 Otras ocasiones en Semana Santa han trascendido en este blog mis reflexiones; éste no, éste las historias británicas se han comido la Semana entera. Pero ha habido Triduo, claro que sí, y algo de puesta a punto interior. Desde la perspectiva de Pedro, la Roca cobarde. Y llorosa. Y perdonada.

 A San Pedro de Rocas me acerqué ayer tarde precisamente con mi hermana Alda, al primer monasterio de Galicia, fundado en el S. VI por suevos de nombres romanos y que a lo largo de los siglos ha ido encadenando reforma tras reforma, etapas de actividad y de abandono...

Aunque todos esos vaivenes no han alterado el corazón del mismo: la capilla labrada en el corazón mismo del monte. Como labrados fueron también multitud de sepulcros antropomorfos, que aparecen hoy tanto a cubierto como al aire.

Éstos llenos de agua. Y de renacuajos de (supongo, que no se veía demasiado) sapo. Pero "vacíos", por lo demás. Que es lo que piden las fechas. Feliz Pascua a todos.

5/4/15

En el NHM (De curso en Inglaterra, y V)

 El Domingo de Ramos, hace una semana, estaba yo como si fuese la mañana de Reyes: ¡por fin iba a ir al Museo de Historia Natural! Igual que había dedicado la tarde anterior a visitar deprisa y corriendo el centro, pensaba dedicar todo el tiempo posible antes de ir al aeropuerto a visitar deprisa y corriendo un museo que, igual que el resto de la ciudad, tenía bastante idealizado. Ni siquiera la media hora de cola de reloj que tuve que hacer para entrar me fastidió; si acaso lo contrario, por ver cómo tantos padres escogían visitar el museo como plan de domingo con sus hijos.

 Pero... mucho me temo, que lo que pude ver no colmó las expectativas con que yo iba. Y ojo, que digo "lo que pude ver" y no "el museo". Del museo pude ver muy poco, sí; y la ilusión que me pudiera hacer fuera ver tanta gente deseando aprender, dentro se transformaba en un agobio de Corte Inglés en rebajas. Esperaba por otra parte que el museo fuese un empacho continuo de bichos, de huesos, de dioramas... más, más y más maravillas, una a cada paso. Y algunas partes, como la galería de mamíferos, sí era así. Pero otras, como la de peces, anfibios y reptiles, pues no, se me hicieron decepcionantemente escasas. Y lo peor (atentos a mi queja, que es de traca) es que muchas partes se me hicieron... demasiado didácticas. Sufrí bastante con el exceso de "¿qué comen los dinosaurios?" "Descubre cómo es una colmena por dentro" y cosas similares.

 La parte de los dinosaurios en concreto, por otra parte la más masificada, fue la que más me decepcionó, me temo: es en la que la proporción esqueleto/cartelito didáctico estaba más desequilibrada en mi perjuicio. Con todo y con eso, no dejé de disfrutarla. En Inglaterra es donde por primera vez se dio reconocimiento científico a la existencia de los dinosaurios: donde se desenterraron y montaron los primeros esqueletos (considerándolos, quiero decir, como restos de animales reales; no como huesos de dragones, de gigantes bíblicos, cíclopes o elefantes cartaginenses) y donde se nombraron las primeras especies. En Inglaterra se han descubierto además muchos dinosaurios interesantes, como el Baryonyx walkeri de Surrey de la foto de arriba; un animal que me gustó especialmente porque no es "un Baryonyx", sino "el Baryonyx", el mismo ejemplar cuyas reproducciones aparecían en mis libros de dinosaurios.

 La proporción esqueleto/cartelito didáctico en la parte de reptiles marinos era en cambio inmensamente más favorable, de modo que la disfruté mucho más. Abundan en el sur de Inglaterra los yacimientos fósiles de estos ejemplares, yacimientos dados a conocer desde bien antiguo por gente como Mary Anning, descubridora de buena parte de los ejemplares de esta galería del museo.

Cierro con una imagen de la galería de los mamíferos, que casi no me dio ya tiempo a ver; lástima, pues resultaba muy prometedora, al estilo del National Museum of Scotland, cuya visita de momento recuerdo con mucho más agrado que la de éste. Tendré que pensar en formarme pronto una segunda opinión...

4/4/15

Londres a la carrera (De curso en Inglaterra, IV)

Finalizado el curso en Birmingham, teníamos tiempo de pasar aproximadamente un día en Londres, desde que volvimos allí el sábado por la mañana hasta que el domingo por la tarde debiéramos coger (o no, ya se vio...) el avión de vuelta a Madrid. Londres es una ciudad que tengo bastante interiorizada a base de meterme (mini)series británicas y novelas de Waugh entre pecho y espalda, y que tenía muchas ganas de conocer. Tantas, de hecho, que estuve incluso pensando en no visitarla, en no recorrerla deprisa y corriendo y mal la tarde del sábado y quedarme irremediablemente insatisfecho... Finalmente sí lo hice: tras dejar las cosas en el hotel y comer apenas algo, la recorrí deprisa y corriendo y mal... pero lo disfruté muchísimo. Vamos con un breve resumen visual:

 Tras salir del hotel bajé directamente en metro a Charing Cross y fuera, de cabeza a Trafalgar Square. ¿Queda muy paleto y muy de Madrileños por el Mundo apostillar "la 'Puerta del Sol' londinense"? Pues me da igual, dicho queda. Sin gente disfrazada de personajes infantiles en horas bajas, a Dios gracias. Rodeo a la plaza sacando muchas mas fotos que ésta, y abajo por Northumberland Avenue hasta el Golden Jubilee Bridge...

 ¡Tachán! Primer contacto con el Támesis. Y con mi querido Palacio de Westminster, allá al fondo. Y el London Eye, la noria que yo imaginaba más cerca de la City, pero que en absoluto desentona ahí donde está.

 Sin saber muy bien qué ruta iba a seguir el resto de la tarde, pues no había mirado nada de antemano, empecé a caminar río arriba por la margen izquierda con la intención de llegar hasta el Tower Bridge y dar vuelta. Me di cuenta a tiempo de que estaba demasiado lejos, así que en cuanto pude tener esta vista más o menos clara de la cúpula de San Pablo y de los edificios de la City, volví sobre mis pasos.

 ¡A Westminster de nuevo! Que realmente era lo que más ganas tenía de ver. Parece mentira que un puñado de series hayan conseguido hacer que me interese por los entresijos de la política británica más que por la de mi propio país...

 Y por detrás del Palacio, Parliament Square, con la preciosa Abadía.

 Inmediatamente, un pequeño descanso de tanto edificio: St. James's Park, donde paseando entre narcisos llega uno tan contento hasta el corazón del Imperio:

 Buckingham Palace. Otro sitio que tenía ganas de ver, porque una vez soñé que, desde una de las ventanas, asistía a una onírica ceremonia de coronación del príncipe de Gales; pero esa es otra historia que deberá ser contada en otra ocasión...

 Atravesando de nuevo St. James's Park, me entretuve viendo cómo esta ardilla gris enterraba una avellana. En cuanto se dio la vuelta, una corneja que estaba al acecho llegó y se la llevó... No creo que pase hambre la ardillita en cualquier caso, ni ella ni sus centenares de parientes, que con el descaro más absoluto hasta se subían por las piernas de la gente que les daba de comer en el parque.

 El parque destilaba tal devoción de los paseantes por la fauna local, a la que atiborraban de comida, que hasta los animales más desconfiados, como este joven de garza real al acecho de las carpas que subían a por el pan arrojado por la gente, se dejaban acercar muchísimo.

 Una pequeña digresión: Londres está lleno de aseos púbicos, pero cuesta localizarlos, porque de los carteles suele borrarse la letra "i", como se ve en el ejemplo. Alguien debería tomar cartas en el asunto...

 Tras un breve pero necesario trayecto en metro (metro de Londres vs. metro de Madrid: mayores frecuencias, pero terriblemente caro, avejentado y claustrofóbico; me quedo con el nuestro sin dudarlo), de nuevo a la superficie. El Támesis desde el London Bridge: Tower Bridge al fondo, y de frente The Shard, el edificio más alto de la ciudad.

 La Catedral de San Pablo, cuyo gran tamaño no se aprecia muy bien al faltarle una plaza que le dé realce, como a las basílicas romanas.

 Y ya de noche, desde el Tower Bridge, una vista de la Torre de Londres y los edificios de la City iluminados. Fin de la breve visita.

 Y cierro de nuevo con otra imagen de Parliament Square, donde terminan a la vez la trilogía de House of Cards y la historia del primer ministro de mandato más dilatado que ha visto el Reino Unido, Sir Francis Urquhart.

"¿Me preguntáis si pienso que el remake americano de House of Cards no le llega ni a la altura del betún a la original? You might very well think that, but I couldn't possibly comment..."

3/4/15

Aceites olorosos

 Hago una pequeña pausa en el relato de mis aventuras de la semana pasada por Inglaterra para deciros que ya está disponible el número de abril de EMNMM, con un artículo mío especialmente acorde a estos tiempos, estos tiempos primaverales y estos tiempos en que la liturgia se llena de alusiones al Ungido. Espero que os guste.


2/4/15

Más de Birmingham (De curso en Inglaterra, III)

 Al fondo en la foto, la cúpula del Oratorio que mencioné ayer. Pero hay mucho Birmingham a mayores del que vimos en la ruta tolkieniana; mucha diversión por delante.

 Una panorámica del cogollo de la ciudad, la Chamberlain Square, donde se agrupan ayuntamiento, museo y auditorio.

 Y un poco más allá, la catedral de San Felipe. Primer contacto de mis acompañantes con las tumbas "a ras de césped" de tantos atrios ingleses, que causaron cierto asombro. Yo me acordaba de Greyfriars...

 Aunque debido al tamaño de la ciudad no se hacen notar mucho, Birmingham tiene más kilómetros de canales que Venecia. Estos canales, que llevaron carbón y demás materiales durante la época "dura" de la Revolución Industrial, no transportan ahora más que algún pato despistado. Atravesando sin embargo la campiña en tren entre esta ciudad y Londres, sí se veía aquí y allá actividad de simpáticos barquitos en la red de canales del centro de Inglaterra.

 La biblioteca de Birmingham, la biblioteca municipal más grande de Europa.

"Revisores preparando una rejection de Nature en el S. XVIII". Anónimo.
 Y con esta estatua de tres próceres locales nos despedimos del centro de la ciudad...

 ... y volvemos a los parques y jardines. Os había prometido ayer narcisos, y aquí los tenéis.

 A mayores de los narcisos, pocas cosas más llamaban la atención entre la hojarasca del suelo. Estas pezizas rojas Sarcoscypha coccinea, por ejemplo.

 O algunas matas de pulmonaria Pulmonaria officinalis. Esta planta debe de ser uno de los pocos ejemplos reales que apoyen la arraigada desde la Antigüedad teoría de las signaturas, mediante la cual las plantas con propiedades medicinales curan el órgano al que se parecen. Las hojas de la pulmonaria "recuerdan" las máculas de un pulmón enfermo, y esta planta se ha usado durante siglos para tratar en infusión afecciones de las vías respiratorias.

 Una paloma zurita atenta a las migas de pan despreciadas por los patos. Una tarde distinta entre clase y clase (y sin cámara, me temo) acabamos como tontos la mar de entretenidos echando pedazos de manzana y galleta a los patos y barnaclas canadienses de un laguito.

 Aunque esta confianza de la fauna urbana puede a veces ser fatal, como descubrió este pobre tejón que encontramos bajo unas matas, suponemos que arrojado allí tras ser atropellado. En Reino Unido, donde los lobos se extinguieron hace siglos, el animal con que más conflictos tienen los ganaderos es el tejón, por ser éste reservorio y trasmisor de la tuberculosis bovina. Los programas de control de tejones hacen correr desde hace décadas ríos de tinta y bilis allí, en un país donde si la "solterona miembro de la sociedad protectora de animales local" es un tópico, es por algo.

Al tejón nos lo encontramos el último día, cuando arrancaba la tristeza de no poder entretenernos ya más en Birmingham. Pero esa tristeza tenía fácil arreglo: todavía nos quedaba un fin de semana en Londres...

1/4/15

El Birmingham Medio (De curso en Inglaterra, I)

 Sin ser fea (bueno, según barrios, como en todas partes) Birmingham no es ninguna ciudad que destaque por lo granado de su arquitectura o sus monumentos de interés. Sin embargo, la gente sabe buscarse las vueltas, y la Birmingham Heritage Forum ha sabido dotar la ciudad de un atractivo añadido diseñando una ruta por los lugares donde pasó su juventud uno de sus habitantes más conocidos: Tolkien. La familia del escritor se mudó desde Sudáfrica hasta esta ciudad siendo él pequeño, y allí vivió hasta que comenzó sus estudios en Oxford. Y a través de detalles reconocidos por él mismo en entrevistas, o realizando sin más suposiciones con mejor o peor fundamento, los estudiantes de su obra han querido relacionar varios de los parajes de Birmingham con otros de la Tierra Media. Y como la tarde del domingo en que llegamos y la del viernes al terminar el curso teníamos unas cuantas horas libres, pues de paseo que nos fuimos siguiendo sus huellas.

El piso donde nos quedamos nosotros estaba en el barrio de Edgbaston, junto al Oratorio fundado por el Beato Newman donde la madre viuda de los Tolkien llevaba a ambos hermanos a Misa, y en cuyo orfanato fueron acogidos al morir ésta siendo aún pequeños. En una calle por detrás se yerguen dos torres, que se verían luego transformadas en las torres de Isengard y Minas Morgul.

 Aquí las vemos más de cerca: la primera, Perrott's Folly, no fue más que el capricho de un apoderado local. La segunda es la ornamentada chimenea de una estación de bombeo de aguas.

 Otra torre, la del reloj de la Universidad de Birmingham, sería (o no) la inspiración evidente del Ojo de Sauron.

 Esto en Edgbaston. Pero nada más regresar de Sudáfrica, la familia vivió primero en otro barrio más al sur, Sarehole. Esa zona, de aquellas eminentemente rural, y todavía hoy bastante abierta y verde, sería la fuente de la inspiración de los paisajes de la Comarca, así a grandes rasgos...

 Moseley Bog está allí, un minúsculo fragmento de bosque anegadizo que se transformaría en el Bosque Viejo, y donde buscamos sin éxito tritones vulgares, para que pudiese yo aprovechar el viaje para tacharme algo...

Y en otro prado, accionada por las aguas cargadas de puestas de rana bermeja del río Cole, la aceña de Sarehole, imposible de fotografiar desde fuera por lo intrincado del ramaje. Lo que sí pudimos quedarnos a ver fue si alguno de los coches que cruzaba este vado bastante recrecido se quedaba estropeado en el medio o no...
Otros había en el grupo más fanáticos que yo de la obra de Tolkien (que es decir poco), y que disfrutaron mucho de todas estas visitas. También yo, claro, aunque para contentarme me llegaba con ver los céspedes alfombrados de narcisos por todas partes. Para mañana los dejamos.