Si la impotencia y la resignación tienen rostro, seguro que se parece algo a esta foto: Una masa inextricable de agracejos y retamas de olor, llena de bultitos emplumados (todos marrones, por supuesto) moviéndose histéricos de una rama a otra... que le dan ganas a uno de hacerse Geólogo, vaya. A las currucas cabecinegras de siempre se le añaden en esta época mosquiteros musicales y currucas zarceras y carrasqueñas (o eso pude identificar, al menos); y un pollo crecidito de gallineta que ya me diréis qué narices pintaba allí...
Árboles pequeños y más grandes, separaditos o amogollonados; pero en todos (todos) un par de papamoscas cerrojillos. Y no me quejo, porque son encantadores, con esos ojazos negros y esa costumbre de abrir las alas espasmódicamente al posarse, que parece que están saludándose unos a otros; pero es que me lo han puesto realmente difícil para encontrar entre ellos algún papamoscas gris (dos, al final; por centenares de los otros). Saber que el cerrojillo suele volar de un posadero a otro, mientras que el gris acostumbra a posarse una y otra vez en el mismo sitio, ayuda a localizar el objetivo.
Y para acabar un par de fotos de animales “camuflados” en su ambiente. Unas cotorras argentinas atracándose a gálbulos de tuya y una liebre encamada en el pinar.
3 comentarios:
"Amogollonados". Juas
Bonito repaso.
Señorito, este invierno tienen que caer ahí, SI o SI, los pinzones reales ;)
Besos irlandeses
Lo de los pinzones no depende de mí... Además, seguro que es más fácil verlos junto al pinar de Santa Eugenia :-)
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