La primera de ellas era un lugar ya conocido, la finca de Prado Herrero, donde espero que volvamos pronto a anillar a los cigoñinos; y la segunda se asentaba sobre la propia iglesia de Soto del Real. Así, además de anotar las distintas actividades que tienen lugar en una colonia (intercambio de adultos en el nido, crotoreo, cópulas, peleas, aporte de material a los nidos o robo del de los nidos vecinos, aporte de alimento para los pollos...), los alumnos pudieron apreciar las diferencias entre una colonia “salvaje” y otra mucho más habituada a la actividad humana.
Y lo hacían tan bien que enseguida nos olvidamos de ellos y nos dedicamos al café, a dar una vuelta por nuestra cuenta y a dejar que los profesores organizadores nos invitaran a comer... La vida del becario, que a veces es muy dura. Y en Soto, en un jardincillo, el primer ruiseñor de la temporada.
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