Las aves buscan los racimos de bayas de color morado que colorean las puntas de las ramas. Algunos, como los verderones, buscan la semilla, y descartan la escasa pulpa de la drupa. Pero la mayoría es esa poca carne oleosa la que buscan, y estorninos, petirrojos, mirlos e incluso palomas tragan enteros los frutos, cubriendo la acera luego de excrementos rojizos.
Sin embargo, entre las aves que visitan estos árboles destacan las currucas capirotadas Sylvia atricapilla. Nunca es tan fácil como ahora el detectarlas; cantando, peleándose y emitiendo sus reclamos nasales entre el follaje. Y son éstas también las aves que me “esperan” en Madrid para empezar el doctorado: a lo largo de los próximos años intentaremos desentrañar las complejas relaciones de esta especie con los parásitos de la malaria aviar; a ver qué tal nos llevamos.
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