
Y, al igual que los pollos comen, hay quien se los come a ellos. En esto los de torcaz se llevan la palma; merecidamente, debo añadir, ya que el concepto de “nido inexpugnable” que tienen estas palomas (cuatro palos mal puestos, a través de los cuales incluso se ven muchas veces los huevos desde abajo) invita a hacerse con su contenido: los milanos negros evolucionan elegantemente entre las ramas de los cedros del Parque del Oeste, llevándose entre las garras orondas pelotas fofas de plumón amarillento; y las urracas entran a sangre y fuego por todas partes, rematando a pie de árbol al desdichado.
Y las hormigas, siempre ahí, aprovechando hasta el último pedazo...
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