18/4/15

No (sólo) es por los monos...

El control de los recursos minerales del corazón de África, básicamente de "las tres T's" (tantalio, tungsteno y estaño -tin, en inglés-) y el oro, todos ellos de enorme valor en la elaboración de consumibles electrónicos, es el principal motor de la guerra que lleva desde hace casi 20 años (por mucho que la Wikipedia diga que ya se ha terminado) enquistada en tierra de nadie, en una tierra de nadie que todos quieren y que cobija ya seis millones de muertos, siendo éste el segundo conflicto más sangriento desde la 2ª Guerra Mundial. Esta guerra es muy desconocida (por suerte -"suerte", supongo- cada vez menos) y pilla muy lejos, por lo que charlas como la organizada ayer tarde en Montes por la gente del Instituto Jane Goodall España son más que necesarias. El objeto de la charla era aprovechar para promover su campaña de reciclaje de móviles en desuso, promoción que continúo yo por este humilde cauce. Hay demasiada gente que cree que a "los ecologistas" sólo nos duelen los bichitos y las plantitas, y no las personas... habrá gente así, pero basta una ojeada rápida a la información de la web para ver que, más allá de que respetar la selva sea necesario para que pervivan los grandes simios, toda ayuda es poca para frenar una masacre humana donde las crueldades se suceden a una escala difícil de asumir.

16/4/15

"Kanzan" con cáncer

 Una típica estampa de abril: un cerezo japonés Prunus serrulata variedad "Kanzan" en flor; un árbol que de un tiempo a esta parte se ha hecho muy popular en España, sobre todo en los barrios de nueva construcción.

Pero el árbol en concreto que os enseño tenía esta curiosa forma del tronco: engrosado y como "comiéndose" la corona de ramas...

... y las causantes de todo esto están algo más arriba, son las bellas flores dobles que dan justa fama a este árbol. Las flores de la gran mayoría de las plantas tienen cuatro tipos de piezas: sépalos (que recubren la flor cerrada), pétalos (los bonitos, que atraen los insectos), estambres (las partes masculinas) y carpelos (las partes femeninas; muchas veces sólo uno). En una flor en los primeros estados de desarrollo, los cuatro tipos de piezas son iguales, y un sistema de genes (ABC) regula en qué se van a transformar. Todas las células de las piezas florales (todas las células de la planta, vaya) contienen los tres genes, pero no en todas de transcriben y aparecen las proteínas correspondientes: si se expresa sólo el gen A las piezas se transforman en sépalos. Si se expresan A y B, en pétalos. Si se expresan B y C en estambres, y finalmente si se expresa sólo C, en carpelos. Pero si aparece un mutante con algún fallo en lo que a la expresión de estos genes se refiere, la diferenciación de las piezas florales se descontrola, y por ejemplo todo lo que debería transformarse en estambres y carpelos, se transforma en pétalos, y en vez de la flor típica de las rosáceas con cinco pétalos y muchos estambres, aparecen flores llenas de pétalos como las de arriba, o como las de muchas otras flores cultivadas.
Estas mutaciones, relativamente corrientes en la naturaleza, le vienen de perlas a los jardineros, pero para la planta representan una tragedia: sin piezas reproductoras, no se pueden reproducir. Y si no se reproduce, ya puede tener unas flores todo lo bonitas que se quiera, que en cuanto muera ahí se termina todo. A menos que la planta se pueda reproducir de otra manera, claro...

Por ejemplo, por injertos. Injertar una planta ya sabéis lo que es: es encajar una porción de la planta que se desea propagar y que por los motivos que sea no puede reproducirse normalmente (como el cerezo japonés), en una base de otra especie sin problemas para crecer. Y si el injerto se ha hecho bien y agarra (es decir, si ambas plantas son suficientemente compatibles como para que los tejidos de ambas se fusionen), ya está: el tronco de la planta original sustentará las ramas de la otra. Pero la nueva "planta" está formada por dos individuos distintos en realidad, y en el cerezo de la imagen, uno de los dos ha enfermado: alguna infección ha causado que el portainjertos desarrolle un crecimiento tumoral anormal, que sin embargo no afecta a las ramas originales de cerezo japonés que se le injertaron en su día, y que salen así como un pegote del tronco de abajo... algo que por otra parte es bastante habitual en los cerezos japoneses que se ven por la calle, que tienen casi todos unos injertos con una pinta de lo más chapucera.

Ya para terminar: como veis en las fotos de arriba, muchas veces el portainjertos no se resigna a ser sin más el soporte de las ramitas pijas de arriba, e intenta reclamar su derecho a tener ramas y hojas propias. En este cerezo, del tronco a media altura brotaba un manojo de ramas cuyas hojas eran claramente distintas de las de arriba. Y si estas ramas no se recortan, a veces acaba uno con un árbol "mixto", en que las ramas injertadas y las del portainjertos forman una sola copa, como veis aquí. En armonía, pudiera parecer, pero en tiempo evolutivo, el portainjertos de flores blancas, y simples, capaces de reproducirse, lleva las de ganar...

14/4/15

Irritación platanil

O platanera, como prefiráis. Exponía hace años en el blog una queja que muchos me habéis oído de palabra: lo poco que me gustan los plátanos (árboles). Decía entonces que "sobre todo el plátano se me hace especialmente cargante ahora en otoño, por sus feas hojas apergaminadas", pero me retracto: los plátanos son particularmente irritantes ahora en primavera, en sentido literal y sea no o no alérgico a su polen; y es por culpa de sus semillas. Me cuesta creer que no recordase de aquellas al mencionarlas lo mucho que molestan las fibras de las semillas del plátano cuando se le meten a uno por dentro de la ropa, pero llevo unos cuantos días de mala pata en que lo estoy recordando por las malas, días en que casi casi preferiría que lo que me cayera de los árboles fuese mierda de gorrión en vez de estas semillas asquerosas...

12/4/15

Dos de tres

 A lo largo de Semana Santa fueron varias las aves raras para la Comunidad de Madrid que se dejaron ver. Desde Orense yo iba dejando pasar los días del calendario, despreocupado primero, y con angustia creciente a medida que se iba acercando la fecha de vuelta, que esos bichos seguían estando ahí, y que tocaba decidir si me acercaba a ver al menos uno de ellos (el único que sería bimbo para mí), nada más bajar del tren el lunes, o faltando al curro entre semana, o este fin de semana, o... Suerte que vino Raquel a rescatarme de todas estas disquisiciones por la vía rápida, y ayer nos marcamos un buen recorrido de sur a norte de la Comunidad. Empezamos en Rivas-Vaciamadrid, donde el Soto de las Juntas, lugar donde hacía años que no venía, lucía así de verde y esplendoroso; rebosante además de aves afanándose en reproducirse por los cuatro costados, tantas que no cabía un trino mas en el aire.

 En un recodo de la laguna que allí hay llevaba como digo días dejándose ver un macho de ave Fénix polluela bastarda Zapornia parva. Las tres polluelas europeas son rálidos de pequeño tamaño y extremadamente tímidos. Son las tres migrantes transaharianas que en España casi nunca crían, dejándose ver normalmente sólo durante los pasos, en primavera y otoño. Pero como decía, son aves tan reservadas que lo de "dejarse ver" es un modo de hablar, y para muchos pajareros, yo incluido, son aves prácticamente mitológicas... Pues bien, de las tres, para más inri la bastarda es la más rara; pero para una que parecía dejarse ver claramente había que intentarlo. Echamos nuestra buena hora y media de guardia, inmóviles, en puntos distintos de la laguna, y al final quiso el dichoso bicho salir de su escondrijo entre las eneas. Más mal que bien, terminamos por verla los tres: Raquel y yo, y otro al que vino Dios a ver, pues justo apareció por allí buscándola cuando acabábamos de encontrarla.

 Con el bicho difícil del día en el morral, seguimos viaje tan ufanos hasta Guadalix de la Sierra, donde debíamos enfrentarnos a la tarea de encontrar un par de porrones raros: sendos machos de porrón bastardo Aythya marila (especie invernante muy escasa en el norte peninsular) y de collar A. collaris (divagante americana), especies ambas que no veía desde hacía años. Como aparentemente ambos se movían acompañando al pequeño contingente de porrones europeos que quedaba en el embalse una vez partidas las aves invernantes, no parecía ser un reto demasiado difícil. En efecto, nada más bajar del coche localizamos el bando de porrones europeos, y al punto entre ellos el de collar. Pero del bastardo, ni rastro... Bueno, realmente si no estaba a la vista con los otros patos era bastante probable que no estuviera, sin más; de modo que dos objetivos cumplidos de tres eran justificación de sobra para sentaros tan tranquilos a comer en el pueblo. 

 Como habíamos hecho caja tan deprisa, y como además las pronosticadas lluvias vespertinas parecían tardar en llegar, pues por entretener la tarde subimos al puerto de La Morcuera, vacío de vacas, tan pronto en el año. Mirando al norte, Peñalara y las montañas adyacentes se veían aún bastante cubiertas de nieve...

 No así nuestra ladera, que aparecía en cambio cubierta de flores. Alfombrados de azafranes serranos Crocus carpetanus estaban los lastonares...

 ... y de narcisos Narcissus bulbocodium los cervunales, más húmedos.

 E, indiferentes a la humedad del suelo, pululaban por doquier los Iberodorcadion (creo) hispanicum, género éste de escarabajos longicornios de montaña tremendamente diversificado en la Península.

 Satisfechos ya, volvimos hacia el sur, puerto abajo hasta Madrid. El de ayer fue un día redondo en que, rarezas aparte, estaba todo lleno de bichos y de plantas y de todo. Días así desde luego son para dar gracias...

... Y si es en buena compañía, mejor que mejor.

11/4/15

Asalariado

Cerramos semana, semana en compañía de los primeros vencejos de la temporada, tanto pálidos como comunes. Cerramos semana laboral, primera desde que se terminó lo de Cortefiel en noviembre; primera tras dos años y medio de nuevo con contrato complutense. Y con las conocidas alegrías de "llamamos de Rectorado... sí, mira, es que no has justificado que eres doctor". Ya, si supongo que haber leído la tesis en la UCM no es suficiente para que la UCM sepa que soy doctor...
Muchos me preguntáis que "¿qué tal, se nota el cambio?" Bueno, a final de mes se notará, antes no. En realidad el trabajo que hago no ha variado un ápice: sigo trabajando para el grupo, para el proyecto, exactamente igual que hace una semana y haciendo las mismas cosas; simplemente que ahora hay de dónde cobrar. Y de momento el "exactamente igual" se traduce en seguir analizando datos y escribiendo artículos, y como bonus esta semana poner algo de orden en las neveras y congeladores de muestras del laboratorio. La verdad, como decía en la entrada anterior, y aunque de la semana pasada a ésta el tiempo se haya estropeado, va siendo hora de hacer algo en el campo...

9/4/15

Santomé

 El entorno de Orense ciudad, tan hundido en el valle del Miño, tiene un clima mediterráneo húmedo bastante distinto del de casi toda Galicia, que hace que la vegetación climácica sea la del alcornocal abierto, con un sotobosque denso de madroños y laureles. De esto bien poco queda ya, pero a tiro de piedra del centro, en el montecito de Santomé, puede hacerse uno idea de cómo sería antaño el ambiente de la zona.

 No sólo en lo tocante a la vegetación, sino también en lo que se refiere a los asentamientos humanos: Santomé es uno de los castros más interesantes para los estudiosos. Destaca entre otras cosas por ser un lugar que refleja la transición entre dos culturas: los restos de la cumbre del monte, la "ciudad vieja", serían de origen celtíbero...

 ... mientras que algo más abajo surgen de entre la vegetación los restos de la aldea romana posterior.

 Una serie de paneles explican los diferentes detalles en que fijarse: casas porticadas, hogares para cocinar, restos (foto) de canalizaciones... Todos esto me interesa lo justito para pasar una tarde (o una mañana), pero una tarde muy entretenida.

 Al pie del monte, el río Loña salta de piedra en piedra camino del Miño, excavando a su paso una sucesión de marmitas de gigante.

 A mayores de los restos arqueológicos, este monte tiene también su interés botánico, como dije al principio de la entrada: entre los numerosos alcornoques crecen no sólo carballos y melojos, sino también (fotos) encinas y quejigos: cinco especies de roble creciendo "rama con rama".

Y, redondeando el carácter mediterráneo de la zona, aparecen las lagartijas estrella de este blog: las colilargas. Entre las labores que me corresponden como recién estrenado técnico supongo que estará acompañar a Álex en los muestreos de lagartijas de su tesis... bienvenida sea esa "carga".