25/11/14

Cosechas tardías

Wikifoto
El carricerín cejudo Acrocephalus paludicola, sin ser una rareza, es una especie lo suficientemente escasa y bonita como para que tenga muchas ganas de ver uno. Es una especie bastante amenazada, pues ocupa un tipo de hábitat muy particular (campos de juncias en el límite de las zonas húmedas) que es de los primeros que cae por la acción del ganado y el arado cuando se le mete mano a un humedal, tanto en los alrededores del Báltico donde cría como en el Sahel occidental donde inverna. Una compensación "de laboratorio" a no haberlo visto fue la posibilidad de analizar tubos con su sangre durante mi primera estancia en Lund: unos colaboradores alemanes de Staffan, mi supervisor allí, le habían enviado muestras de aves anilladas en Senegal durante el invierno, y él me pidió si podía sacar un rato para ver qué parásitos podrían tener. Parece una tontería, pero uno ciertamente se siente un poco allí cuando manipula tubos de sangre de especies y/o lugares que no ha visto, y se trabaja así más a gusto: me pasó con estas muestras, con las muestras de Canarias y Madeira que usé en la tesis, con las de las codornices de Menorca... en fin, el laboratorio a veces cansa tanto que cualquier vía de escape es buena. El caso es que las muestras quedaron analizadas, y desde 2009 una carpeta en mi Dropbox llamada "ACROLA - Lund" contiene los resultados de esos análisis, de los que nunca más me acordé... hasta ayer. Me escribieron de Suecia: a lo largo de estos años habían ido llegando un poco por azar distintas muestras de la especie, y al final habían dado para escribir un pequeño artículo, del que soy ahora coautor sin haberme esforzado mucho más. Una recompensa inesperada la mar de agradable a "un favor" hecho hace casi cinco años exactos... al final el favor me lo hice a mí mismo.

23/11/14

Curiosidad parduzca

El Manzanares más otoñal...
 Mentiría como un bellaco si no reconociese que uno de los principales motivos por los que quería conocer a Víctor, un amigo francés que hizo Vero en los campamentos de verano en Camboya y que ha venido este fin de semana de visita, era saber qué pinta podría tener el hijo de un nigeriano y una camboyana, pues tal es la ascendencia del susodicho... Pero además el encuentro tuvo lugar en un marco tremendamente agradable: echamos la mañana los cuatro (se nos unió Edyta, una doctoranda polaca de estancia en la Facultad durante tres meses) dando una vuelta por El Pardo, disfrutando de los colores de la estación bajo un sol casi de manga corta.

El Pardo desde el convento de los capuchinos
Los bichos grandes son de mucha ayuda para que esta gente para la que salir al campo es una actividad relativamente exótica se vuelva a casa contenta, y El Pardo para esto es un valor casi seguro: cuando ya llevábamos vistos los "big five" locales (ciervo, gamo, jabalí y buitres negro y lenonado), sumamos en el mirador de arriba un bonus track: águila imperial. De todos modos, el bicho preferido de ambos fue uno mucho más pequeño, pero muy colorido: el martín pescador.

 Estos dos, que llevan por El Pardo algunos meses sin que nadie sepa de dónde han salido, también eran bastante big. No son los únicos bichos exóticos que vimos, pues éstos y a las omnipresentes cotorras argentinas se les sumó también un visón al que vimos fugazmente... como fugazmente vos también un avetorillo, el que más gracia nos hizo a Vero y a mí.

Y ea, aquí tenéis, en carne y hueso, la respuesta a la pregunta que os estabais haciendo desde que empezasteis a leer esta entrada...

22/11/14

Una semana más...

 Tengo que pediros perdón: últimamente mis actualizaciones están siendo casi tan estacionales como las castañas de las que os hablaba ayer... La culpa es de las insulsas circunstancias que me rodean: por la Facultad pocas cosas contables pasan estos días, y por las tardes en Cortefiel más de lo mismo. Además, como ya os dije, se nota mucho el recorte horario que ha supuesto este trabajo con respecto a la vida que llevaba antes... pero, al menos de momento, a eso poco le queda: mi contrato se extendía a lo largo de dos meses, octubre y noviembre, y le queda justo una semana para que toque a su fin (pues casualmente me tocará trabajar el último sábado). Bueno... ha estado bien cobrar, ciertamente ha sido un alivio; pero sabiendo como sabia que esto tenía fecha de caducidad, no me amarga pensar en tener tiempo de nuevo para echar horas en la Facultad y para disfrutar de los diversos festivos e historias de diciembre... historias como la nueva edición de las Jornadas de Ornitología Complutense:

Este año yo no hablo, así que hay garantía de calidad ;-) ¡Qué despacio se me va a pasar esta semana...!

21/11/14

Manualidades

Así lucía la cosecha en la galería de mi casa el fin de semana; algo más abundante que la del año pasado, pero sin exagerar... es bueno, eso de no exagerar: que la castaña siga siendo una fruta del tiempo es uno de sus principales atractivos. Si las hubiese todo el año, como las manzanas, seguramente valoraría su agradable sabor dulce igual de poco. Aunque la castaña tiene algo de lo que las aburridas manzanas carecen: una dimensión lúdica. No sólo por la parte festiva que llevan aparejada, sino por el proceso de elaboración (hacer un pequeño corte lo primero, asarlas en el horno, pelarlas luego...), tan "digital" que tiene mucho de manualidad de colegio, de Kinder Sorpresa... sobre todo si vienen con gusano dentro

17/11/14

Langostas y langostas...

 Bonito, ¿eh? El gráfico es bonito de por sí (incluso después de que lo haya estropeado yo después de pegar la portada de la revista encima), pero más bonito aún por lo que cuenta... Hace diez días, Science publicaba la filogenia definitiva de los insectos (hasta que otra la desmienta, aunque no creo que sea pronto): una jerarquización de relaciones de parentesco entre los distintos grupos no basada en pocos o muchos genes, sino en todos; en genomas completos de los organismos analizados. 
Tras salir publicada, los más tontos nos hemos contentado con "mirar los santos": curiosear las imágenes y leer en diagonal un texto que bien podría estar escrito en chino. Pero por suerte hay gente a la vez lista y dadivosa, gente a la que le gusta pensar y que al compartir sus ideas nos ayudan a los tontos a descubrir el mundo con otros ojos, a ampliar miras (y estoy pensando que ése debe de ser el motivo por el que se nos enseñaba Hª de la Filosofía en COU... pena que no nos lo explicaran así entonces): algunos se han alegrado al comprobar cómo las técnicas moleculares más sobresalientes refrendaban el trabajo realizado con la sola ayuda de una lupa por los taxónomos dieciochescos, de modo que este trabajo comprueba la validez como grupos naturales de los órdenes de insectos tradicionales, el valor como elementos de clasificación de los detalles morfológicos y de los ciclos vitales que sirvieron para definirlos, y sobre todo la agudeza de los científicos de entonces, que supieron distinguir tan bien el grano de la paja... 
Y otros, como mi señor exdirector, han visto en él la respuesta definitiva a preguntas que muchos no nos habíamos planteado nunca: ¿por qué las langostas se comen nuestras cosechas... y nosotros a su vez las pescamos para comérnoslas? O, expresado con menos lío: ¿por qué, si ambos son grupos tan tremendamente exitosos y aparentemente capaces de adaptarse a todos los ambientes, no hay (apenas) crustáceos terrestres e insectos marinos?

La solución es de ésas tan simples y brillantes que le hacen a uno sentirse aún más lerdo de lo que es: la respuesta es que sí que los hay... porque cada uno es la respuesta a la pregunta del otro: ambos grupos no son recíprocamente hermanos, sino que uno engloba al otro: primero fueron los crustáceos, y en un momento una rama de los mismos se adaptó al medio terrestre... sólo que en vez de llamarlos "gambas de seis patas" los hemos llamado insectos. Los insectos no son pues la contraparte terrestre de los crustáceos, sino la respuesta de los crustáceos al reto planteado por un ambiente hasta entonces hostil...
Y ya está. A muchos (porque no os interese -legítimo es- o porque esto os sonase ya y os pareciese evidente) puede que esto no os diga gran cosa. Pero oye, a mí que JPT me hiciera caer en la cuenta de esto me alegró en su momento el día... ya veis, con poco se contenta uno.

15/11/14

Milanos atlantes

Tomando el relevo a sus primos los negros, que flotan ahora en pos de las langostas del Sahel, los milanos reales, llegados desde Centroeuropa, volaban ayer a uno y otro lado del tren, siluetas negras recortadas contra el cielo plomizo de Castilla, sosteniendo sobre sus hombros las nubes borrascosas...

(me hizo gracia la idea: los milanos, soportando el peso de la bóveda celeste. Y se quedó así, a medias entre prosa y verso... Digamos que queda como un borrador, como un garabato en un cuaderno de notas; alguna vez se me ocurrirá cómo mejorarlo. Y feliz día del patrón, compañeros biólogos)

14/11/14

(mes de) Prueba superada

"Sí, el lunes nos vemos, has pasado la prueba". Así, sin mirar siquiera, sin alharacas, me comunicó mi jefe inmediato que este prime mes de trabajo había transcurrido con el nivel de satisfacción suficiente... bueno, pues tan contento; en cualquier caso son otras dos las semanas que me quedan hasta que termine el 29 por extinción de contrato, pero dos semanas más que echar al haber... El trabajo sigue siendo bastante entretenido, y podría ser además disfrutable si no fuese por la dichosa productividad, por la exigencia de despachar llamadas y otras tareas lo más deprisa posible, para así poder atender cuantas más, mejor; quedando la calidad de las mismas (aunque esto nadie lo reconocerá) supeditada a esto... pero bueno, yo a lo que me manden. Por lo demás, opté por trabajar el sábado pasado a cambio de poder coger hoy el día libre, para poder subir un par de días a Orense. A ver qué historias me esperan esta vez en el tren...