28/8/14

Dos descubrimientos de estos días

... dos de esas cosas que uno aprende, tras las que puede irse a la cama tranquilo:
  • El regalo de cumpleaños de Tania, un libro, ha sido el primero con el que entro en contacto de la larguísima serie de títulos de Terry Pratchett. Lo primero para lo que me ha servido es para darme cuenta de que... Terry Pratchett es el nombre del autor. Siempre había creído que era el nombre del protagonista, tipo Harry Potter, y que todos formaban una especie de saga escrita, y no sé muy bien por qué pensaba eso, allá por el S. XIX o así...
  • Tras ver la cara de extrañeza de Álex al oírme pronunciar "xenofobia", estuve indagando un poco: resulta que, como nos habían enseñado en clase de Lengua Española cuando dimos fonética, la equis se pronuncia dentro de palabra como 'ks', eksamen, hasta ahí todo bien. Pero, y ahí viene lo malo, al contrario de lo que nos habían explicado en clase de Lengua Española y de lo que yo daba por hecho, por haberlo pronunciado siempre así, la equis al principio de palabra resulta que ¡se pronuncia 's', y no 'sh'! ¡Es silófono y no shilófono! Supongo que será por influencia del gallego, pero me parece fatal que me hayan tenido engañado todos estos años...

27/8/14

"Hacer la PCR"

Hace hoy una semana que empecé a correr, y de momento ahí vamos tirando: descubriendo una gama de dolores hasta la fecha desconocidos para el ser humano, pero con todo y con eso echando minutos, tres días sí y uno de descanso... Tras estrenarme como os dije camino de la Facultad, cambié al día siguiente al sitio al que he ido las veces posteriores: a la pista del Canal que os comentaba. Correr sobre goma es bastante más agradable, y además con la de gente curiosa que hay (dará para más entradas sin duda) realmente uno no se aburre de dar (pocas) vueltas. Cada 100 m hay un hito marcando la distancia, hasta sumar los 1.200 que tiene la vuelta entera; y los que planificaron el complejo, no sé si a propósito o por casualidad, tuvieron el acierto de no poner el hito "0" en ninguna de las puertas del recinto, de modo que cuando uno empieza a correr siempre el primer hito que ve marca una distancia mayor de 100 m, y eso, creáis que no, anima. Y además he encontrado la motivación para ir superándome a lo largo del tiempo (ya no concreto si semanas o meses): 1.200 m, el famoso número 12 que tan de cabeza me trae a veces. Pues bien, si alguna vez consigo dar 8 vueltas, ya tendré el 12x8=96 pocillos de 100 metros. Algún día conseguiré, del tirón, hacer la PCR...

25/8/14

Panorámicas de La Mancha húmeda

 El pasado sábado Javi y yo nos acercamos a dar una vuelta por las lagunas habituales de La Mancha húmeda, a ver cómo de movido estaba el paso postnupcial de limícolas sobre todo. Nada más llegar al Longar, en Lillo, vimos que de "húmeda" La Mancha iba a tener más bien poco... a pesar de eso unas cuantas gangas ibéricas Pterocles alchata reposaban en el vaso seco junto a un montón de palomas. Para empezar el día no estaba mal.

 En la Larga de Villacañas, más de lo mismo: una llanura de barro salino resquebrajado por el sol por el que los chorlitejos patinegros Charadrius alexandrinus corrían como pequeños juguetes cazando moscas. En la poca agua que quedaba en el centro, que se mantiene (como en tantas otras lagunas de la zona) gracias a los aportes de la depuradora de la localidad, se amontonaba por otra parte una cantidad ingente de flamencos, incluyendo uno enano Phoenicopterus minor: apenas una motita de polvo rosa fuerte entre centenares de motitas rosa pálido; suerte que era mi segundo...

 Contrastando con la aparente desolación de las anteriores lagunas ("aparente" porque no es real, secarse en verano forma parte del ciclo natural de estas lagunas endorreicas), La Veguilla, en Alcázar, se antojaba un vergel lleno de agua, verdor y aves. No tantas ni tan variadas como en invierno, claro, pero con todo y con eso disfrutamos mucho del rato echado allí. Lo que más me gustó fue sin duda identificar un macho en eclipse de cerceta carretona Anas querquedula, nuestro único pato migrante transahariano, que además resulta siempre escaso, y mucho más fácil de ver en primavera.

 Tras trasegar una hamburguesa bastante rica (pero ¡madre mía lo que nos hicieron esperar, y eso que había cuatro gatos!) en Alcázar, fuimos luego a la del Camino de Villafranca, donde nos llevamos la gratísima sorpresa de que, había poca agua, sí...

 ... pero buena cantidad de limícolas de todo tipo. Hay que ir probando de laguna en laguna cuando uno va a limis, pero al final siempre acaba saliendo una lista maja.

© Javier Gómez Aoiz
 16 especies distintas (como este joven de correlimos común Calidris alpina) acabamos sacando a lo tonto de estas aves que uno siempre tiende a asociar con humedales costeros...

© Javier Gómez Aoiz
 ... Justo es reconocer que parte de razón hay en eso, ya que los números grandes de estos bichos aparecen siempre con los pies a remojo en la costa. Aunque otras especies no le hacen ascos a la vida de interior, como la canastera común Glareola pratincola, una limícola medianeja con las hechuras corporales de una golondrina y que se alimenta, como estas aves, cazando insectos al vuelo.

 Otras que también frecuentan menos la costa que las cuencas fluviales son,claro, los tres andarríos (grande, bastardo y chico), que en el exiguo charquito que quedaba en la laguna del Pueblo, en Pedro Muñoz, pudimos ver hombro con hombro. Un fotógrafo con el que nos cruzamos en Alcázar nos dijo que ni nos pasásemos por allí, que apenas quedaba un hilillo de agua lleno de palomas y estorninos. Y eso encontramos, sí, pero rebuscando un poquillo más, pues fueron apareciendo esas otras cosillas.

© Javier Gómez Aoiz
 Este zorrete, que andaba a otras cosas, entraba y salía de los carrizos, espantando a todas las aves "de ciudad", con lo que durante unos segundos las limícolas se veían especialmente bien, antes de quedar camufladas de nuevo en la masa.

Y terminamos el día en Manjavacas como empezamos, contemplando una lámina yerma de polvo blanquecino. Pese a todo, y como rezaba el cartel frente al observatorio, todas estas lagunas son siempre una parada obligada...

24/8/14

Y'all...

Verano de series... Estoy disfrutando mucho poniéndome al día con las dos temporadas de Nashville: muchas canciones con acento sureño fáciles de entender. Y de las que además puedo tirar también durante los ratos de plancha...

23/8/14

Bodas

A mi edad, a uno empiezan a casársele los amigos; o incluso llevan ya unos pocos años haciéndolo: entre mis amigos, raro es el que no tiene 1-2 bodas al año de media. Y entre esos raros estoy yo, claro, ya que precisamente el grueso de mis amigos, "becarios" o no, no parecen mostrar un especial interés por el tema... incluso los hay que se casan y no dicen nada (ejem).

Por eso me ha dado una alegría enorme recibir en el correo la invitación a la boda de Jean... con Cristo, justo a los siete años de entrar en el seminario. Me encantaría estar en París el próximo 20, pero me temo que estaré ya camino de Doñana. Pero me acordaré mucho de él, y os pido a los que recéis que hagáis lo mismo. Que ya sabéis que esas oraciones son como un boomerang: que uno siempre las recibe de vuelta...

22/8/14

Pasando del paso

 Ayer por la mañana, aprovechando para aunar reencuentro postvacacional y sesión de pajareo, nos acercamos Bea y yo al Juan Carlos I, a ver cómo de movido estaba el paso postnupcial. Tenía yo muy buenos recuerdos del parque en esta época y me apetecía repetir experiencia.

 Sin embargo el paso resultó estar de lo más parado: demasiado pronto, demasiado tarde, vientos de un lado o de otro, una climatología inadecuada en época de cría... y todas esas cosas que hacen que el campo unas veces bulla y otras esté vacío de bichos. Golondrinas y aviones, sí, y algún papamoscas cerrojillo que otro; pero ni rastro de las hordas de currucas de todo tipo, mosquiteros y demás migrantes que le había prometido a la chica...

Macho de (creo) Graptemys pseudogeographica
 Así que los bichos más agradecidos de la mañana resultaron ser los galápagos, antiguas mascotas abandonadas por dueños negligentes que tachonaban aquí y allá la superficie verdosa y lisa de los múltiples estanques del parque.

 Nos entretuvimos distinguiendo especies y sexos de tortugas, y echándonos unas risas con los paneles explicativos de las distintas esculturas del Parque. Ésta de arriba, a medio camino entre skatepark y Teletubielandia, resultó ser...

 ... el Pasaje azul, por supuesto.

 El título de esta otra obra era bastante intuitivo...

 No así su explicación, claro. Como Bea tenía que entrar a trabajar pronto no pudimos echar mucho tiempo en el parque, pero algún día que haga menos calor y me aburra prometo prepararos una entrada con todas las esculturas y sus carteles respectivos.

Y termino con una paloma. ¡Qué maja ella, en éstas siempre puede uno confiar...!

21/8/14

Crónica de la primera vez

Si tuviese tierras o alguna otra posesión apetecible, no me cabría duda de que la intención del regalo era la de conseguir una herencia rápida; pero como nada de eso tengo, pues su verdadero objeto se me escapa... El caso es que estos días pasados me cayó un regalo de cumpleaños adelantado: unas zapatillas de correr. "De correr" digo porque, según me aclaró mi hermana Alda, no eran puramente decorativas. Pude evitar estrenarlas en la aldea por carecer del resto del equipamiento, pero una vez de vuelta en Madrid, y tras adquirir el resto del material necesario y tragarme unos cuantos vídeos preparatorios en YouTube (que digo yo que deberían convalidar, a minuto por vídeo o algo así), no me quedaban más excusas. Para más inri, todo eso lo hice en apenas dos días, con lo que me vi obligado a adelantar a ayer el gran estreno...
Me llevó su tiempo decidir dónde ir, claro. Perderme por el Parque del Oeste fue la primera opción, pero como no fui capaz de trazar un recorrido definido en mi mente lo descarté, temeroso de irme liando y al final acabar extenuado no se sabe dónde. Otra opción evidente era subir a dar vueltas (je, o "vuelta") a la pista que rodea las instalaciones de GolfCanal, a un paso de casa. Pero aquello está lleno de corredores y otros deportistas excesivamente pro, y sinceramente me da vergüenza dejarme caer por allí hasta estar lo suficientemente preparado como para no dejarme caer literalmente. Y además, eso de dar vueltas me parecía un tanto aburrido y potencialmente acortable antes de tiempo, de modo que decidí fijarme un objetivo a una distancia razonable, para que al menos, una vez alcanzado, no me quedasen más narices que tener que volver. Pensé primero que un recorrido adecuado sería hacer entero el eje Cea Bermúdez-José Abascal, ida y vuelta, que suma 4,5 Km, pero la idea de ir todo el tiempo por ciudad, dependiendo de los semáforos y demás me echó para atrás (aunque no lo descarto, para otros días -¡ja!- por la mañana temprano -re¡ja!-). De modo que terminé por tirar del camino conocido e ir hasta la Facultad, 5 Km ida y vuelta. Además siempre cabía la posibilidad de cruzarse con conocidos delante de los que sacar pecho y quedar como un señor atleta...
Llegó el momento de estrenar el conjunto recién salido del Decathlon, el reloj CASIO "de Primera Comunión" comprado en un chino para controlar el tiempo y las dichosas zapatillas; estiré un poco (¡vídeos, vídeos!) y... primera duda, ¿qué narices hago con las llaves? ¡Que eso en los vídeos no lo especificaban! Como no las iba a llevar en el bolsillo del pantalón, rebotando de un lado a otro, terminé por llevarlas en la mano, pero nada convencido del asunto. Al bajar en el ascensor y verme en el espejo ¡oye! Pues no estaba tan mal, la verdad es que la ropa deportiva me favorecía mucho... de hecho coqueteé con la idea de salir a dar una vuelta con ella sin más, que al fin y al cabo no se me veía en tan mala forma y no veía la necesidad de sufrir; pero ea, al llegar a la calle se me quitó la tontería y empecé a darle a las piernas...
La bajada hasta Moncloa, y de allí a la Avenida Complutense, transcurrió sin problemas: ritmo relajado, respiración acompasada nariz-boca... Al ir ya en llano por la Avenida seguía la cosa bien, pero a la altura de la Facultad empecé a perder el compás respiratorio y ya terminó desbandándose aquello de cualquier manera, hasta que llegué de vuelta a casa sin recordar si alguna vez había tenido nariz. Pero esto es adelantarse, vaya: decía que por la Avenida todo bien, y al llegar a la Facultad comprobé que se tardaba menos corriendo que andando, cosa que me vendrá bien recordar si alguna vez tengo que ir con prisas. No me crucé con nadie conocido (evidentemente, no sé qué narices esperaba...), y los pocos corredores que hacían uso del mismo espacio venían todos en sentido contrario, por lo que no pude echarle a ninguno un pique mental motivador... Supongo que por eso, por la falta de motivación, al empezar a rodear el Botánico para dar vuelta, se me escapó casi inconscientemente el primer "su **** *****"; el primero de varios, cada vez con un intervalo menor...
Llegué empero vivo todavía al otro extremo de la Avenida, pero la subida del Museo de América supuso un varapalo importante, y aunque llegué hasta arriba por puro orgullo, que de eso no me falta, al pisar en llano me vine abajo e imperceptiblemente pasé del trote al paso, notando la curiosa sensación de que las rodillas se me iban para atrás en vez de para delante. Caminé un poco, pero al cruzarme con algunas personas (personAs, vaya) me dije que ya no me quedaba nada y eché a correr otra vez. Y corriendo sin saber de dónde salían las fuerzas (rezo porque "de la grasa abdominal" sea la respuesta correcta) acometí la subida de Moncloa a mi casa...

(en estos ocho años que llevo en Madrid y en mi barrio, siempre he hablado de "subir-bajar" en dirección norte-sur, Cea Bermúdez - Alberto Aguilera; mientras que todo el mundo, para gran consternación mía, habla de "subir-bajar" en Moncloa en sentido este-oeste... Ahora,ahora por qué de Moncloa a mi casa se sube...)

Como desde chico descubrí que las tareas ingratas me resultaban más llevaderas si las dividía en fracciones ("he estudiado 1/6, 2/3 de tal asignatura", y cosas así) dividí la subida en 5/5 en función de las calles que tenía que atravesar. Llegué a Hilarión Eslava reventado otra vez, y a Gaztambide totalmente anihilado. En Andrés Mellado no me quedó más remedio que parar porque una madre y dos hijas de generosas proporciones (eran tres palillos, siendo justos) ocupaban toda la acera, por lo que fui andando unos metros detrás de ellas. Me sucedió lo mismo más adelante, por culpa de otro chico flaco sorprendentemente gordo, pero inesperadamente terminé por llegar a la esquina de mi calle. Y ahí sí, haciendo de tripas corazón, intenté llegar al portal con un mínimo de compostura... para que me viera (y lo comentase, espero) la portera. Estaba fuera, frente a la entrada, y tras desearle "buenas tardes" intentando no vomitarle en los pies me metí en el ascensor, y a partir de ahí no recuerdo gran cosa, pues un velo de sudor me embotaba a la vez ojos y cerebro. Creo recordar que al llegar arriba vi la esterilla que había dejado extendida en el suelo de la habitación (en previsión del cansancio) para hacer al llegar algo de ejercicio extra, pero dudo de que llegase a usarla... hoy, tal vez, que me he quedado con ganas de más.