30/7/15

VdB'15

Si Dios quiere, cuando estas líneas aparezcan publicadas, estaré ya camino de Chamartín, y del norte después. Camino del norte como los cernícalos primillas, que tras criar por los campos de Castilla migran a A Terra Chá, a engordar comiendo saltamontes antes de marcharse a África. Camino del norte como los machos de avutarda, que desertan en masa en estas fechas de las tierras bajas y remontan hasta los páramos del Sistema Ibérico, para evitarles a sus voluminosos cuerpos lo más crudo del verano. Camino del norte, donde todavía quedarán algunos vencejos, pues allí siempre va todo con algo de retraso. Camino del norte, donde aunque este año no llueva, seguro que conseguimos refrescarnos algo. Camino del norte, de Vilar de Barrio. Y el sábado, San Fiz.

28/7/15

No es (sólo) donde puede, sino donde le dejan...

Esta imagen del valle de Oza, de un viaje de hace algo más de dos años, viene muy a cuento de una revelación biológica que tuve este fin de semana...: estaba yo dando un repaso a distintos espacios naturales de la provincia de Ourense, cuando di en pensar en por qué había encinares en Enciña da Lastra... "bueno, porque es el lugar mediterráneo de Galicia por excelencia", me dije, y me quedé tan ancho. Por suerte, me di cuenta al rato de que, para lugares mediterráneos por excelencia en Galicia, teníamos Verín, o la capital incluso si me apuráis, y ahí no hay encinares, sino melojares. Y el clima de O Barco por ejemplo, a tiro de piedra de Rubiá (la localidad de referencia para visitar el parque), es exactamente el mismo que el de esta localidad, y allí tampoco hay encinares... por no hablar de lo "no-mediterráneas" que son las localidades donde crecen los encinares cantábricos, que esa es otra... Otra tenía que ser pues la explicación, y la busqué en el suelo: lo que tiene Rubiá (y Santoña) que no tiene O Barco (o Verín) es un suelo calizo en vez de ácido. "¡Claro! Porque las encinas son árboles típicos de suelos básicos", me contesté de nuevo tan contento, y menos mal que enseguida seguí argumentándome que "... básicos como el ácido suelo de por ejemplo El Pardo, ¿no, melón?". Menos mal que, tras enfadarme conmigo mismo, pude al punto perdonarme y sonreír, al darme cuenta de que si había encinas en Rubiá y en Madrid, no era por el clima mediterráneo o por el suelo; no era por lo que había, sino por lo que no había: robles. Encinas y robles (melojos en este caso, pero carballos también por ejemplo) tienen valencias ecológicas muy amplias de humedad y temperatura, y aunque unos por el lado frío y húmedo y otras por el cálido y seco llegan donde el otro no, lo cierto es que al menos en la Península solaparían potencialmente en muchas localidades. Y en "combate cuerpo a cuerpo", peleando por el mismo espacio el roble le gana a la encina; supongo que porque crece más y más rápido en altura, y termina por hacerle sombra. Pero lo que los robles no toleran son los suelos calizos, que a las encinas, al igual que los ácidos, les dan igual. Y por eso hay encinas en Rubiá: no porque les gusten especialmente los suelos básicos (uno de los pocos lugares calizos gallegos), sino porque precisamente por esos suelos, no hay robles. ¡Y lo contento que me puso darme cuenta yo solito...!

27/7/15

Elefantes de Orbaneja

Entroncando un poco con el tema de ayer de las ilustraciones científicas de bichos que uno no ha visto, me resultó muy curiosa la reseña de la obra Elephas anthropogenus, de Uli Westphal, que leí en Madri+d. El artista estudia cómo han ido variando las ilustraciones de los elefantes desde el final de la Edad Antigua hasta el de la Edad Moderna: un periodo, entre Aníbal y los circos romanos, y la época de los Descubrimientos, en el que Europa no vio un elefante vivo, por lo que un animal otrora relativamente familiar se fue transformando en una especie de monstruo, que se pintaba poco menos que de oídas y a "lo que saliere". Leed la reseña, y la compilación correspondiente de imágenes podéis verla luego aquí. Merece la pena, la verdad.

26/7/15

El sapo del demonio

 Literalmente, además. "Aprovechando el tiempo" en la facultad el viernes, a través de una serie de "clicks" que se iniciaron en la web de este herpetólogo que se parece a Michel Teló no recuerdo muy bien cómo, me enteré de la existencia del Beelzebufo; que se merecía ser dado a conocer simplemente por ese genial nombre. Beelzebufo ampinga resultó ser un representante malgache del Cretácico de la familia Ceratophrydae, la de los sapos cornudos sudamericanos, a los que además se parece enormemente... salvo por el "pequeño" detalle de ser casi cuatro veces más grande, alcanzando los 40 cm de boca enorme y barriga más grande aún. Por Internet abundan las galerías de paleoartistas que, muchas veces con una habilidad sorprendente, ilustran escenas en las que los protagonistas son animales desaparecidos tiempo ha; y sabiendo que los sapos cornudos actuales son unas bestias agresivas e insaciables, capaces de comerse animales casi tan grandes como ellos, la tentación de dibujar una rana gigantesca tragándose un dinosaurio supongo que es demasiado fuerte como para resistirse, y abundan las imágenes tan curiosas y sugerentes como ésta.

Y hablando de "paleoarte", no quería dejar de poner un chiste que he visto en Internet, que alude a las cartelas que en la Wikipedia ilustran a los animales junto a un ser humano estándar para que uno aprecie mejor su tamaño:

¿¡Pero a quién narices saludas!? ¡¡¡CORRE!!!

24/7/15

Riosequillo

En Buitrago del Lozoya, a 75 Km del centro de Madrid, junto al embalse de Riosequillo está la zona de baño del mismo nombre: una piscina enorme, tanto que aunque haya bastante gente uno apenas lo nota; y su césped, sus servicios sanitarios... y con vistas a la Sierra. "Sólo" pudimos ir ocho ayer al final, de los muchos más que lo habrían merecido, pero el cierre de curso becarial nos dejó a todos muy buen sabor de boca... a ver si abrimos aquí el curso en septiembre.

23/7/15

Nasti(a) de plasti

En junio y julio siempre suelen amontonarse las defensas de varias tesis en la facultad, debido al efecto "antes de fin de curso", pero este año el número ha sido notable, y en septiembre (el curso como tal acaba en septiembre) esperamos otras tantas... el motivo es que éste es el último año en que los doctorandos según el Real Decreto del 98 (el mío, el pre-máster) pueden defender, y por eso son tantos los que han apurado a defender tesis que de otra forma se iban alargando indefinidamente. Dos son las que me han tocado de cerca: la de Miren, mujer de Pablo y compañera habitual de cafés, el día tres; y la de Samu, casi marido (¡en octubre!) de Sofi, ayer. La de Miren, que versaba sobre los flavonoides presentes en el café, el cacao y la yerba mate y su asimilación tras la ingesta, me pilló algo más ajeno al tema; pero de la de Samu, sobre interacciones entre polillas y flores a medio camino entre el parasitismo y la simbiosis, sí me enteré más. Me enteré además de por qué las flores de la Silene colorata parecen estar siempre medio arrugadas y secas: no lo están, sino que sucede algo tan sencillo como que se abren de noche y de día se cierran; de noche que es cuando vuelan las polillas que las polinizan (en realidad no es tan sencillo, pero... haber venido ayer a la tesis, jeje). Y me enteré de que este abrirse y cerrarse con el día que comparten con los dondiegos de noche tiene un nombre bien bonito: nictinastia... Y al pensar en los dondiegos, me di cuenta también de que si Dios quiere dentro de una semana estaré durmiendo en Vilar de Barrio. Y este año casi (casi...) ni me importaría que lloviese un poco...

20/7/15

Pajareros de otro tiempo

 En la entrada anterior os hablaba del quehacer cotidiano de los pajareros de Central Park, y ayer tuve ocasión de ver las obras de otros pajareros algo más antiguos: dando una vuelta con mi hermano, terminamos llegando hasta el Caixaforum y visitando la exposición Animales y faraones: el reino animal en el Antiguo Egipto (hasta el 23 de agosto), que contiene un gran número de piezas (pinturas, bajorrelieves, esculturas, objetos decorativos, ajuar funerario, momias...), mayormente del Louvre, que muestran la abundante presencia de representaciones animales en Egipto, trasunto de una sociedad donde, a mayores de la usual interdependencia del hombre con la naturaleza de tantos otros pueblos de la Antigüedad, la asociación de diversas especies con otras tantas deidades hacía que los animales tuvieran una presencia notablemente mayor.

De aquí
Sin llamarme mucho más la atención el arte del Antiguo Egipto, siempre me ha sorprendido el realismo con que se representan las distintas especies, que permite identificarlas sin ningún problema, tanto si hablamos de murales llenos de aves o de peces, como de miniaturas que representan fielmente erizos orejudos (especie que ahora se tiene de mascota, y que ellos se comían). Y por ende, al identificar las especies representadas uno se da cuenta de que son muchas, de que esta gente se había parado a observar, y no creo que hoy en día fuesen de los que salen a la calle pensando que sólo existen "palomas y gorriones". Ya me gustaría que hubiese más biólogos egiptólogos en la Facultad...