2/4/15

Más de Birmingham (De curso en Inglaterra, III)

 Al fondo en la foto, la cúpula del Oratorio que mencioné ayer. Pero hay mucho Birmingham a mayores del que vimos en la ruta tolkieniana; mucha diversión por delante.

 Una panorámica del cogollo de la ciudad, la Chamberlain Square, donde se agrupan ayuntamiento, museo y auditorio.

 Y un poco más allá, la catedral de San Felipe. Primer contacto de mis acompañantes con las tumbas "a ras de césped" de tantos atrios ingleses, que causaron cierto asombro. Yo me acordaba de Greyfriars...

 Aunque debido al tamaño de la ciudad no se hacen notar mucho, Birmingham tiene más kilómetros de canales que Venecia. Estos canales, que llevaron carbón y demás materiales durante la época "dura" de la Revolución Industrial, no transportan ahora más que algún pato despistado. Atravesando sin embargo la campiña en tren entre esta ciudad y Londres, sí se veía aquí y allá actividad de simpáticos barquitos en la red de canales del centro de Inglaterra.

 La biblioteca de Birmingham, la biblioteca municipal más grande de Europa.

"Revisores preparando una rejection de Nature en el S. XVIII". Anónimo.
 Y con esta estatua de tres próceres locales nos despedimos del centro de la ciudad...

 ... y volvemos a los parques y jardines. Os había prometido ayer narcisos, y aquí los tenéis.

 A mayores de los narcisos, pocas cosas más llamaban la atención entre la hojarasca del suelo. Estas pezizas rojas Sarcoscypha coccinea, por ejemplo.

 O algunas matas de pulmonaria Pulmonaria officinalis. Esta planta debe de ser uno de los pocos ejemplos reales que apoyen la arraigada desde la Antigüedad teoría de las signaturas, mediante la cual las plantas con propiedades medicinales curan el órgano al que se parecen. Las hojas de la pulmonaria "recuerdan" las máculas de un pulmón enfermo, y esta planta se ha usado durante siglos para tratar en infusión afecciones de las vías respiratorias.

 Una paloma zurita atenta a las migas de pan despreciadas por los patos. Una tarde distinta entre clase y clase (y sin cámara, me temo) acabamos como tontos la mar de entretenidos echando pedazos de manzana y galleta a los patos y barnaclas canadienses de un laguito.

 Aunque esta confianza de la fauna urbana puede a veces ser fatal, como descubrió este pobre tejón que encontramos bajo unas matas, suponemos que arrojado allí tras ser atropellado. En Reino Unido, donde los lobos se extinguieron hace siglos, el animal con que más conflictos tienen los ganaderos es el tejón, por ser éste reservorio y trasmisor de la tuberculosis bovina. Los programas de control de tejones hacen correr desde hace décadas ríos de tinta y bilis allí, en un país donde si la "solterona miembro de la sociedad protectora de animales local" es un tópico, es por algo.

Al tejón nos lo encontramos el último día, cuando arrancaba la tristeza de no poder entretenernos ya más en Birmingham. Pero esa tristeza tenía fácil arreglo: todavía nos quedaba un fin de semana en Londres...

2 comentarios:

Ramón J. dijo...

Yo cada día me siento más como una solterona de esas, solo me faltan unos kilos y coleccionar tazas y figuritas de porcelana

Abrazos

Antón Pérez dijo...

Pues cuando empieces a currarte tartitas para el té de las cinco avisa ;-)
Un saludo.