28/10/07

Las puertas de la Nueva Ciudad/Se abren para ti...

No había escuchado esta canción hasta hoy; no era tampoco demasiado fea...
Poco después de regresar de la aldea supimos que íbamos a tener que volver antes de lo que planeábamos; la tía Isabel, hermana mayor de mi abuela materna, acababa de fallecer. Hace algunos años, cuando vio que los suyos ya no le permitían desenvolverse sola en la aldea, decidió internarse voluntariamente en el asilo de las Hermanas de los Ancianos Desamparados de Orense, donde se fue consumiendo poco a poco hasta apagarse ayer a los 95 años.
Suelen sorprenden estas muertes que, por esperarse de un momento a otro, se le van a uno de la cabeza y se presentan cuando uno menos lo pensaba. Por eso ha sido hoy un día un poco raro, donde nos hemos puesto a comer a la una y media porque mi hermano tenía que volverse a Madrid y nos hemos atiborrado de centollas aportadas por mi hermana Alda, cocido, castañas y tarta de Santiago; porque un domingo en que nos juntamos los ocho siempre es algo excepcional.
No deja de ser un detalle del Cielo que mis últimos parientes cercanos en fallecer lo hayan hecho en sábado; es de agradecer que la Virgen le cierre a uno los ojos con una caricia de madre...