Y no los encontramos, claro está. Sin embargo, siempre es agradable salir al monte, aunque sea por escasas horas. En los alrededores del embalse de Santillana todo respiraba tranquilidad: sin miedo a un corte de digestión, las vacas pacían plácidamente dentro del agua, entre masas de flores rosas de Potamogeton; y en las orillas se espatarraban al sol los galápagos leprosos, contemplando tal vez cómo dormían la siesta las gaviotas reidoras, que finalizada ya la cría comienzan a bajar desde Centroeuropa, acompañadas ya de sus retoños de este año. Bienvenidos; ojalá estuviese siempre en este país todo tan tranquilo...
10/7/08
Pasando la tarde en Santillana
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