El viernes de madrugada, una interminable espera hasta que salieron las maletas y un viaje en metro de cerca de una hora pusieron un digno colofón a un viaje extenuante anillando por Mallorca, preludio de lo que se nos viene encima a partir, si Dios quiere, del miércoles. Extenuante como sólo una campaña de anillamiento puede ser, aguantando el campo de sol a sol, malcomiendo y (sobre todo) maldurmiendo; pero todo lo que tuvo de cansada lo tuvo también (como siempre) de divertida.
Fuimos nada menos que seis los forasters (JPT, Iván, Miche, Sofía, Roberto Carbonell -un antiguo doctorando de los tiempos de JPT- y yo) a la búsqueda de la curruca capirotada, acompañados además por dos “sherpas” locales. Cuando uno pasa el día en el monte realmente no hace mucho a cuenta el estar en un lado u otro, y sólo una visita fugaz a la playa de Muro (de la que prescindí a favor de una buena siesta) y un paseo el jueves por la tarde con Palma me convencieron de que estaba de vuelta en Mallorca. Pasamos la primera noche en una casa dentro del propio Parque Natural de S’Albufera, donde se nos comieron los mosquitos y las hormigas argentinas que andaban por todas partes; y las otras tres en Binifaldò, una antigua possessió reconvertida en centro de alojamiento para investigadores en medio de la Tramuntana, al pie del Puig Tomir.
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2 comentarios:
Muy buena crónica! Y el perrillo ese se usaba para cazar ratas? Pero si parece un cachorro de los de los cromos de colección, animalico!!
Besos!
Jeje, ¿lo de los cromos lo dices porque parece muy cabezón? la verdad es que éste sí era un cachorro, aunque de adultos no levantan mucho más...
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