11/6/10

Estepicursores

Mario pateando una Salsola, hace ya más de tres añitos...
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"Estepicursores" (tumbleweeds, en inglés) es el rimbombante nombre que se otorga a las plantas de dispersión anemócora en las que, en vez de dispersarse únicamente la semilla, es parte o toda la planta la que se desprende y viaja; normalmente rodando. Aunque no es muy abundante como método de dispersión, sí ha aparecido varias veces en el curso de la evolución en distintas familias de plantas de medios normalmente llanos, secos y ventosos.
Estepicursores los hay en todo el mundo; pero si algunos se han hecho famosos son los “matojos rodantes” de las películas de vaqueros... Podría pensarse que pocas cosas hay tan características del Salvaje Oeste, tanto que hasta hay quien vende (con grandes dosis de humor) sus semillas; pero la realidad es bien distinta: El hecho es que dichas plantas, pertenecientes al género Salsola, fueron introducidas accidentalmente con cargamentos de semilla de lino en el S. XIX, teniendo pues su origen de este lado del charco… Como buenas plantas invasoras, no sólo en América llegan a hacerse muy grandes, sino que pueden proliferar en números increíbles… Siendo así, mejor tomárselo con humor.
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(Este tema de la invasión de los estepicursores, junto con las referencias a los vídeos que enlazo, fue uno de los muchos que surgió en el viaje de regreso de Pirineos. Lo dicho: nueve horas dan para mucho…)

10/6/10

Pirineos III: Cuestas y bosques

Amanece en el puebloooo...
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Pasamos la segunda noche pirenaica en el refugio Cap del Rec, que funciona también en invierno como estación de esquí nórdico (o de travesía).
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Desde allí, a la mañana siguiente, nos fuimos a hacer la ruta que sube a los distintos estanys de la Pera. La subida era mucho más relajada que la del día anterior, pero el paisaje igual de agradecido.

Aunque ya no quedaban “objetivos” durante todos los días disfrutamos mucho con las aves típicas de los bosques y prados de montaña: reyezuelos sencillos, collalbas grises, acentores alpinos, mirlos capiblancos, bisbitas alpinos, verderones serranos, piquituertos…

Para pasar la última noche nos movimos a un área más boscosa, al refugio del Prat de Miró. Además de por cambiar algo de aires, teníamos ligerísimas esperanzas de aún estuviese cantando y poder escuchar una de las especialidades pirenaicas, el mochuelo boreal Aegolius funereus.

Pero ya iba a ser demasiada potra en un solo viaje… Mejor; así quedan excusas (siempre las hay) para volver. Los pinares alfombrados de arandaneras, además, merecían de por sí un buen paseo; con el que cansarse e intentar dormir algo durante las nueve horas de viaje de vuelta… Ese es el principal problema de muchos de los viajes que hacemos; Madrid está tan en el ombligo de la península que lo único que consigue es estar lejos de todo… Por quejarse, que no sea :-)

9/6/10

Pirineos II: Blanco y en botella...

El viernes amaneció inmejorablemente soleado (como atestiguan hoy en día mi nariz y orejas peladas); no se podría pedir nada mejor para iniciar el ascenso al Puigpedrós.

Tras unos momentos de incertidumbre al principio, ya que el inicio de la ruta no está muy bien señalizado desde el refugio, encontramos el camino de subida. La pendiente la verdad es que se hace bastante cuesta arriba, y uno llega al primer repecho derrengado. Pero basta girarse y contemplar esa especie de mandíbula de perro que es el Cadí para animarse y seguir subiendo.

Seguir subiendo mientras los rebecos Rupicapra pyrenaica te miran sin apenas inmutarse. Les he sacado la foto a pulso a través de los prismáticos y no ha quedado tan mal… :-)

Y cuando ya uno creía que la subida iba a continuar por siempre jamás, aparece de repente la extensión mucho más llana que rodea la auténtica cumbre del Puigpedrós. Por aquí nos extendimos y comenzamos a caminar poco a poco buscando nuestra especie objetivo….

… que no era otro que el lagópodo alpino Lagopus muta, más conocido como perdiz nival. Esta gallinácea, perfectamente adaptada a la alta montaña y las regiones árticas, se vuelve blanca en invierno y de un bello color granito en verano, que es como las vimos nosotros (en la foto aparece un macho, en la punta misma de la montaña). Detectamos en total dos parejas y una hembra suelta. Blanco y en botella… ¡licor de perdiz nival! :-D

A 2.914 m s.n.m., junto a un Belén que algún montañero subió hasta allí, es esto lo que se ve: una sucesión de picos que, compartidos entre tres países, se extienden desde el Atlántico al Mediterráneo… El lagópodo alpino es otra especie con problemas de conservación en España: Esta y otras especies de alta montaña ”se nos caen por arriba”; a medida que aumenta la temperatura van ascendiendo hasta que, poco a poco, ya no les queda más monte que subir…

Ya por la tarde, tras bajar del monte y comer, dimos una vuelta por los estanys cercanos al refugio; allí nos hicimos esta foto de grupo. Alcanzados ya los objetivos pajareros del viaje, nos quedaba aún día y medio para disfrutar tranquilamente de los Pirineos…

8/6/10

Pirineos I: Aaaaalgo chiquitito…

El relato de nuestro fructífero viaje al Pirineo catalán comienza algo más al sur, en una finca de cultivos de secano, terrenos baldíos y filas de árboles junto a Lleida capital de la que no daré más datos (aunque sea más que conocida en el mundillo) por una elemental prudencia. Y es que esa finca es el último lugar de cría del ave más amenazada de España (así, con todas las letras), en inminente peligro de desaparecer de nuestro país. Dicha ave, que era lo que estábamos buscando allí, es el alcaudón chico Lanius minor. Este alcaudón es una especie propia de áreas agrícolas de secano y estepas del este de Europa y Asia, que a medida que nos movemos al oeste se hace más y más raro. En España ha desaparecido a ojos vista, sin que las causas estén muy claras: de unos cuantos núcleos reproductores en Aragón y Cataluña se ha pasado en pocos años a una única población, la leridana; donde además este año sólo ha criado una pareja…
Una pareja de la que la hembra estaba incubando, por lo que sólo nos quedaba el macho; un único bicho que encontrar en toda la finca… Por suerte habíamos contactado previamente con otro aficionado, José Portillo, que cuando llegamos ya estaba en posición y con el pájaro localizado. A lo largo de la mañana, aunque desde bastante lejos, pudimos observarlo en varias ocasiones; y entretenernos el resto del tiempo con las bellísimas carracas europeas que abundaban por la zona.
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Nos fuimos de allí a Pirineos con la sensación de que habíamos tenido la amarga fortuna de ser los últimos que veríamos este bicho en nuestro país; ojalá me equivoque… Poco a poco la carretera se fue empinando y estrechando, el ambiente reverdeció y, para cuando quisimos darnos cuenta, estábamos contemplando el Cadí desde los amplios valles de la Cerdanya.

Nuestro primer destino fue el refugio Malniu, desde donde pensábamos acometer al día siguiente la ascensión al Puigpedrós, en el límite entre Lleida, Girona y Francia. Sin llegar a merecer el nombre de mal niu ni mucho menos, lo cierto es que estos refugios de montaña no son hoteles…

Pero tienen camas…

… y baños, o algo parecido. Pero la falta de lujos la compensan con el de estar en el emplazamiento en que están. José Portillo estaba también en el refugio con la misma idea que nosotros para el día siguiente; pero eso ya lo dejo para mañana.

7/6/10

Fuencarral. 8:30

Fuencarral a las 8:30 es una sucesión de persianas echadas y tabernas manchegas abiertas. En Fuencarral a las 8:30 no hay pintas; todo el mundo luce homogéneamente normal. No hay caras duras; sólo caras largas. Fuencarral a las 8:30 es una calle baldeada con vencejos gritones.
He vuelto sano, salvo y contento de Pirineos; con muchas fotos e historias que contar cuando haya espacio para ello. De momento, lo que me llevaba a caminar a las ocho y media por Fuencarral era ir al Ministerio de Educación a hacer papeleo, cómo no: unos documentos de la memoria de seguimiento que primero no había que entregar y ahora sí. Y como entre Polonia y este último puente llevaba mucho tiempo sin darme una vuelta por Madrid, preferí salir antes de casa e ir dando un paseo. Aprovechando el sol que tanto me gusta; que mañana parece que cambian las tornas…
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PD. Ya que hablo del Ministerio… Si estáis en este mundillo, si pensáis pedir una beca o lo que sea, deberíais entrar aquí y registraros. Aunque la Sede Electrónica lleva unos meses abierta, su publicidad ha sido nula; y por lo visto para poder pedir una beca el próximo curso habría que darse de alta antes de fin de junio…

2/6/10

¿Quién me ha robado el mes de mayo?

Parece mentira, o tal vez no, pero a medida que iba escribiendo la entrada de hoy caí en la cuenta de que había escrito prácticamente la misma hace ya tres años. Así que, directamente, os la enlazo; cambiad Noruega por Polonia y ponedle nombre a las hormigas, pero por lo demás…
Por lo demás, mañana en Madrid toca “Corpus civil”, y el puente consiguiente. Y como ya os había dejado caer, me subo con Javi y con otros tres amigos suyos a la Cerdanya (Pirineo leridano); a la vuelta os cuento si hemos cumplido o no objetivos.

1/6/10

Polonia III: Bialowieza

Tras una fiesta de despedida el jueves por la noche de la que tal vez cuelgue fotos dentro de muuuuuucho tiempo, cuando hayan muerto todos los que salgan en ellas; unos cuantos prolongamos todavía un día más el Congreso con una excursión al Parque Nacional de Bialowieza, conocido por ser la mejor y más extensa mancha remanente del bosque caducifolio que en tiempos cubriera prácticamente toda Centroeuropa, y por albergar la mayor población salvaje del prácticamente extinguido bisonte europeo Bison bonasus.
A medida que nos acercábamos al bosque, compartido entre Polonia y Bielorrusia, el cambio en la fisionomía del paisaje y de sus gentes se hizo bastante evidente: un ambiente mucho más rural; y donde las iglesias ortodoxas de planta en cruz griega, tejados bulbiformes y crucifijos de ocho brazos resultaban mayoritarias. Llegando también, el primero de los muchos bimbos del día: un águila pomerana Aquila pomarina. Y nada más bajar del autobús el para mí el bicho más bonito del viaje: Un papamoscas collarino Ficedula albicollis.
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Al bosque uno se va acercando a pie a través de antiguos campos de labor que, ahora abandonados y sin manejo, forman praderas naturales con una variedad de flores silvestres difícil de imaginar, donde salen a pastar por la noche los muchos ungulados de Bialowieza (no sólo bisontes, sino también corzos, ciervos, alces y jabalíes). En la orla arbustiva de dichos prados viven, cantan y se pueden comparar en directo las buscarlas fluviales Locustella fluviatilis (cuya voz recuerda una máquina de coser) y las pintojas L. naevia (de canto similar, pero más acelelerado). Y los ruiseñores rusos Luscinia luscinia, con un repertorio menos variado que el nuestro, pero increíblemente potente (y ya van dos más).

La puerta original del parque, toda ella (hasta los clavos) de madera de roble. Tiene todo el aspecto, y es realmente el acceso a otro mundo. Realmente resulta difícil imaginar sin verlo el aspecto de uno de estos bosques “primigenios”: la quietud, la penumbra, la variedad de especies de árboles… Y de pájaros carpinteros, aunque sólo pude sumar el pico mediano Dendrocopos medius a la lista.

De vuelta hacia el autobús, ya anocheciendo, en el prado donde se perseguían las bonitas tarabillas norteñas y donde aún cantaban ambas buscarlas y el ruiseñor; se habían unido al coro un carricero políglota Acrocephalus palustris y varios guiones de codornices Crex crex, a los que me moría de ganas por escuchar en directo (otras tres, y sigue subiendo…)

Tras cenar junto a la hoguera (a esta gente le encanta hacer hogueras) todavía nos dimos una vuelta para intentar escuchar búhos y lo que se terciase. Por encima del coro incesante de las ranitas de San Antón sólo se dejó escuchar de entre los búhos el cárabo europeo, pero sonaba también el inconfundible bramido del avetoro Botaurus stellaris.
Apenas cuatro horas más tarde, los más entusiastas nos levantamos para dar una rápida vuelta antes de desayunar por el embalse de Siemianowka. Poca cosa, pero salvó la visita una pareja de fumareles aliblancos Chlidonias leucopterus (último bimbo del viaje, y con éste suman doce; nueve en menos de 24 h).


Antes de irnos de vuelta a Varsovia recorrimos un pequeño zoo que alberga ejemplares de todos los grandes mamíferos del parque, bisontes (por supuesto) incluidos. Comparados con sus primos americanos resultan animales mucho más atléticos y estilizados, adaptados a la vida en el bosque en vez de en la llanura… ¿Y qué sale de cruzar un jamón con una abeja?

¡Pues una piara de rayones! :-D Como ya dije, el Congreso fue en lo académico todo un éxito; y la naturaleza del país está llena de sorpresas para los del suroeste. y todo lo que nos ha quedado por ver… Polonia bien merecerá otra visita.