Cuando a uno le cuentan en Biología los problemas involucrados en la conservación de especies amenazadas, siempre termina saliendo a la palestra la estocasticidad; esto es, la probabilidad de que, por puro azar, una población pequeña y localizada geográficamente se vea gravemente afectada por alguna catástrofe natural (estocasticidad ambiental) o por un vaivén demasiado marcado de la variación habitual del número de individuos (estocasticidad demográfica). Y como además las desgracias nunca vienen solas, un evento estocástico de estos puede dar la puntilla a una población que ya esté lidiando con problemas anteriores.
Y el petrel de Madeira Pterodroma madeira nos ofrece un ejemplo muy práctico y reciente: como tantas otras especies de aves marinas acostumbradas a no esconderse mucho en tierra al acudir a criar a las islas oceánicas libres de depredadores terrestres, al llegar los colonos y sus amigos (ratas y gatos) a la isla portuguesa se convirtió en candidato ideal a engrosar la lista de especies que se han ido. En efecto, y pese a que recientemente su número parece ir aumentando, este petrel es el ave más amenazada de Europa, con una población de apenas 80 parejas acantonadas en época de cría en las cumbres más inhóspitas de la isla que le da nombre. ¿Y que ha pasado este año? Pues que un incendio fortuito este verano se ha llevado por delante varios adultos y más de la mitad de los pollos de este año... Estocasticidad.
Y el petrel de Madeira Pterodroma madeira nos ofrece un ejemplo muy práctico y reciente: como tantas otras especies de aves marinas acostumbradas a no esconderse mucho en tierra al acudir a criar a las islas oceánicas libres de depredadores terrestres, al llegar los colonos y sus amigos (ratas y gatos) a la isla portuguesa se convirtió en candidato ideal a engrosar la lista de especies que se han ido. En efecto, y pese a que recientemente su número parece ir aumentando, este petrel es el ave más amenazada de Europa, con una población de apenas 80 parejas acantonadas en época de cría en las cumbres más inhóspitas de la isla que le da nombre. ¿Y que ha pasado este año? Pues que un incendio fortuito este verano se ha llevado por delante varios adultos y más de la mitad de los pollos de este año... Estocasticidad.
2 comentarios:
yo a eso lo llamaría apocalípsis, pobres petreles
Suena menos científico; pero desde luego es mucho más sentido, lo suscribo...
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