6/11/14

Soledades del domingo por la mañana (Soria inesperada, III)

De igual modo que el sábado no conseguimos estar solos ni un segundo, tal era la afluencia de gente al monte, el domingo en cambio raro fue que nos cruzásemos con alguien. Tras desayunar tranquilamente y con un ojo puesto en el cielo, pues la amenaza de lluvia fue más o menos constante a lo largo del día, empezamos la mañana visitando la especie de "ciudad encantada" de Castroviejo, en Duruelo de la Sierra.

 Esta parte del sistema Ibérico está formada por grandes bloques de conglomerado, bloques a los que la erosión del agua, el hielo y el viento va despojando de sus partes más blandas, labrando un laberinto por el que hubiéramos debido echar algo más de tiempo.

 Pendiente abajo, el paraje terminaba abriéndose en un mirador sobre la incipiente ribera del Duero, recubierta de pinos en vez de vides en este tramo inicial.

 A poca distancia de Castroviejo está el paraje de la Cueva Serena, un gran extraplomo por el que el agua escurre de continuo; salvo en invierno, cuando aparentemente se congela y llega a formar una gran columna... cosa que no vimos, claro; y la poca lluvia que caía tampoco había agrandado el chorro hasta el volumen que adquiere en primavera.

 Realizamos todavía una última parada en un lugar solitario de paisajes boscosos y pétreos, pero antes, buscándolo, acertamos a pasar por accidente por el campamento de La Nava, en Covaleda, antiguo lugar donde acudían maestros de toda España a imbuirse del Espíritu Nacional. En torno al campo de instrucción, cada promoción había dejado su monolito, frente al arco que empezó a derrumbarse este año. Vacas y caballos, ajenos al aire decadente y depresivo que desprendía toda la zona, daban a la hierba del campo el mejor uso que hubiera podido tener.

Y las últimas estampas sorianas quedarán ya para mañana. Cierro esta entrada con esta Amanita muscaria, tan lozana que daban ganas de comérsela; de las pocas setas no pasadas que el avance del otoño y de los recolectores habían dejado en el monte.

5/11/14

Coronando el Urbión (Soria inesperada, II)

 Tras subir la cuesta con que finalizaba la entrada anterior, venía bien un último vistazo atrás para admirar la laguna y su entorno, antes de girarse y descubrir un panorama radicalmente distinto:

 La meseta que se eleva suavemente hacia el norte sobre la laguna recuerda enormemente al páramo escocés: pinos espaciados y achaparrados, visitados de continuo por bandadas inquietas de carboneros garrapinos y piquituertos; y por todas partes turberas rezumantes de agua, con matas de brezos y brecinas...

 ... y musgo, mucho musgo: musgo de todos los tipos habidos y por haber.

 Al final de esta meseta se abre un amplio mirador al límite entre Soria y La Rioja, y se ve por primera vez la cumbre pétrea del Urbión, al fondo.

 Tras ascender otro breve repecho, el paisaje vuelve a cambiar, y a pesar del agua de la laguna Larga, la altitud es ya mucha y el terreno demasiado pedregoso, de forma que el suelo se ve cada vez más pelado.

 Los últimos cientos de metros hacia la cima se hacen así algo más áridos: la senda serpentea entre rocas, acercándose a veces inquietantemente al borde de los cortados de la imagen

 Pero mientras nosotros ascendíamos con más o menos esfuerzo, según la capacidad de cada uno, miles de mariquitas de siete puntos Coccinella septempunctata lo hacían sin esfuerzo, y probablemente sin querer, arrastradas por el viento. Una vez arriba buscaban refugio entre las rocas, intentando encontrar un hueco en el sobrevivir al invierno que ya se nos echa encima.

 El esfuerzo se hace notar menos si es con un fin, coronar en este caso, y al cabo termina uno por llegar hasta lo alto del Urbión, a 2.228 m snm; apenas una más de los cientos de cumbres del sistema Ibérico, la divisoria que determina en buena parte de España qué ríos fluyen hacia el Atlántico y cuáles hacia el Mediterráneo.

Y uno de los más notables de entre los que fluyen hacia la Mar Océana surge justo entre las peñas al pie de la cumbre del Urbión: ahora que no quedaba nieve que al fundirse agrandase el caudal, el agua que percola poco a poco de la turba constituye el combustible que da vida al Duero más infante, apenas un hilo de agua que salta entre rocas camino del llano. Y tras asistir a su parto permanente, bajamos nosotros también, ya con la tarde de caída...

...Una tarde en la que, por presión popular, aprendí a jugar al mus, pudiendo comprobar que, como todos los juegos de cartas, me resulta innecesariamente complicado y más bien aburrido... lo siento, chicos. Pero en cualquier caso se agradece el intento.

4/11/14

La laguna Negra (Soria inesperada, I)

Por Soria en general no "se pasa", sino que "hay que ir", de modo que como provincia la tenía fisionómicamente desubicada. Y la verdad es que la aproximación de este fin de semana ha sido la mar de grata: teníamos ganas de ver bosques coloreados por el otoño, y quedamos satisfechos, pues Soria resultó tener una de las masas forestales continuas más extensas de la Península. Bosques y montañas, de hecho, pues el límite provincial con La Rioja poco recuerda al tópico de Castilla plana y pelada...

 Lo malo fue que aparentementente la mitad de la población española decidió pasar este fin de semana con nosotros, y la llegada a la zona de la laguna Negra fue un continuo procesionar de coches y gente; gente con ganas de buscar setas sobre todo, que ahora finalizando ya la estación abundaban casi más que las setas mismas.

 Tras una breve subida en autobús desde el aparcamiento, y una subida más breve aún a pie, uno llega hasta la famosa laguna, flanqueada por el bosque al este y por unos paredones rocosos al oeste.

 El bellísimo pino albar Pinus sylvestris (4), de corteza rojiza y hojas glaucas, es la especie arbórea predominante en toda la sierra de Urbión: las demás buscan los pocos huecos libres que por uno u otro motivo escapan a su dominio: el suelo poco profundo y pedregoso al pie de las paredes rocosas (3) aparecía tachonado de hayas Fagus sylvatica, apenas arbustivas y ya desnudas, y serbales de cazadores Sorbus aucuparia, de follaje dorado. Otras especies más tímidas, que ni con las hayas podían competir, sobrevivían directamente agarradas a la pared, como los robles albares Quercus petraea (2) o los abedules Betula pubescens (1); mientras que en la orilla demasiado húmeda para otras especies de un arroyuelo que corría hacia la laguna medraba una masa de álamos temblones Populus tremula (5) que se hacía notar por el rojo encendido de sus hojas a punto de caer.

 De "arriba", de alguna parte, escurría como digo el agua a la laguna, en cascadas menguadas tras meses de sequedad estival.

Y arriba que nos fuimos, acompañados cada vez de menos gente, camino de la cumbre del Urbión. Pero lo que arriba nos encontramos, lo dejo ya para mañana...

3/11/14

Eliminando distracciones

¡Buenas a todos! Ya de vuelta, tras este fin de semana por las tierras altas sorianas... habrá bastantes historias que ir desgranando en el blog estos días, con sus fotos correspondientes. Pero antes, y mientras las ordeno, para ir evitando que las novedades capilares distraigan a los que no me veis con frecuencia de lo esencial de las entradas, ahí va este teaser...

... mañana, más.

2/11/14

Más colores de otoño

 Para que os entretengáis un poco este domingo de Fieles Difuntos, os dejo el número de noviembre de EMNMM, con reportaje incluido sobre un arbustito que se encuentra ahora en plena fructificación, y que más madrileño no podría ser...


1/11/14

Otoños robados

Uno de los dos no es un bosque...
Me consta que para muchos excesivamente apegados a lo contante y sonante, de uno u otro bando (los que quieren conservar la especie X a todo trance... o aquellos para los que que la especie X esté en sus terrenos les impide sacarles todo el jugo económico), hablar de conservación en términos diríamos casi "místicos" es una patochada, un juego teórico que no conduce a nada. Y sin embargo no sólo de pan vive el hombre, sino también de espíritu, de belleza y de variedad. En este sentido, sobran los estudios (incluso revistas hay especializadas en el tema, y no malas) que demuestran los beneficios que reporta al ser humano el contacto con la naturaleza, con una naturaleza viva y variada, aunque sea en un parque. y no me refiero a beneficios en términos de más o menos recursos naturales o cosas así, sino a beneficios directos en términos de salud física y espiritual. El beneficio por ejemplo de sentir el pulso de la vida a través del cambio de las estaciones debería tener una relevancia mucho mayor (o, si quiera, alguna relevancia) a la hora de valorar si queremos que España, del Miño al Bidasoa, siga siendo un eucaliptal que un koala podría recorrer sin bajarse de los árboles; un eucaliptal invariablemente triste e inmutable a lo largo de las estaciones del año...
... Y toda esta reflexión introductoria para comentar que este fin de semana por fin vuelvo a salir al campo, a una zona que, si bien no destaca por poseer tal o cual especie singular (lo "material"), sí lo hace justificadamente por tener uno de los otoños más bonitos de la Península: el entorno de la sierra de Urbión. A la vuelta os cuento si vengo más o menos elevado.

31/10/14

Ver rarezas por la tele

Sigo en la línea de ayer, con cosas que no he visto y me gustaría ver... Os he hablado alguna vez ya del concepto de "bimbo de salón" (armchair tick): que a uno le separen una especie en dos y, como ha visto ya ejemplares de esas dos, sin hacer ningún esfuerzo adicional aumenta en una unidad su lista de lo que sea. Pues algo similar (más o menos) debe de ser estar cómodamente sentado en casa y ver una megarrareza por la tele... o, por ser más exactos, verla en el ordenador al revisar las imágenes tomadas por cámaras activadas por control remoto. En todo el Pirineo hay varias de estas cámaras colocadas en muladares, básicamente para, sin molestar, hacer seguimiento de quebrantahuesos y otros buitres que puedan llevar marcas identificables. Pero a la carroña no bajan sólo los buitres, sino también las águilas y otras rapaces, y hace unos días se produjo así la segunda cita para España de águila imperial oriental Aquila heliaca: el bicho se hizo un selfie con una cámara de vigilancia. Y al igual que la de la primera cita (que ya es casualidad) se trata de un ave eslovaca anillada. La historia, bien documentada, aquí.