16/12/14

Serie B

En la lista de las aves de España, casi todas cuentan con una A junto al nombre; sería, digamos, lo normal. Las especies exóticas tienen una C o una E, según cuenten con poblaciones establecidas plenamente o no, y las especies D son aquellas especies raras de las que las citas registradas no permiten decantarse por una llegada natural o por un escape (en puridad, las especies de las listas D y E no forman parte oficial de la lista). Y faltan las especies B: son aquellas que cuentan sólo con citas anteriores a la fecha de corte de 1950; antes podrían estar citadas como habituales y haberse extinguido, o como rarezas ya. Una especie antaño de las B, pero que cuenta ya con un par de citas, ambas reseñadas en este blog, es por ejemplo el águila imperial oriental... pero la especie que motiva esta entrada es tan, tan rara, que ni en la lista B estaba registrada; aunque creo que debería, pues si no me equivoco hay registros del S. XIX que hablan de colonias de cormoranes en los carrizales de la Albufera de Valencia, descripción que casaría muy bien con nuestro amigo el cormorán pigmeo Microcarbo pygmaeus: un pequeño cormorancito con cara de niño que cría en lagunas costeras y deltas de ríos desde el Adriático hasta Asia central. Aunque no es una especie migradora, en Francia cuentan con una docena de citas, alguna muy cerca de la frontera, por lo que no era nada raro que terminase por llegarnos alguno... y finalmente, a punto de cerrar ya el año, ha llegado ese alguno a los Aiguamolls de l'Empordà, para disputarse con el gavión cabecinegro el título de rareza de 2014.

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