Y sol no digo yo que no hiciese... pero por encima de la niebla, que flotaba pesada sobre Peña Falcón y los demás cortados del Parque. Y como comprensiblemente a las grandes rapaces no les gusta volar así, estaban los cantiles y las laderas forradas de buitres leonados y negros como no los había visto yo antes.
Como el hambre apretaba, digo yo, a la que se fue despejando el cielo los bichos se fueron levantando en grupos de a centena, que en el aire quieto de la mañana hacían al despegar un ruido como de desprendimiento de piedras, para luego pasarnos por encima: una procesión de alfombras voladoras a la búsqueda de la carroña. Monfragüe de momento nunca me ha defraudado, y aunque las especies estivales (cigüeñas negras, culebreras, alimoches...) aún estaban por llegar, las residentes se esforzaron por hacernos pasar un día redondo:
Así, la pareja de águilas imperiales ibéricas Aquila adalberti que se mueve por la zona del Salto del Gitano se dejó ver hasta la saciedad (que es un decir, porque uno no se harta de estos bichos): volando de un lado a otro, posándose en los pinos o en las peñas, como la hembra de la imagen, haciendo vibrar sus sonoros cacareos por encima de los siseos de los buitres...
Y el que supongo (ya que los adultos hacían caso omiso del mismo aunque pasase por su mismo lado) sería su pollo del año pasado también se dejó ver un buen rato; el que tardaron en expulsarle una pareja de cuervos con ganas de juerga que, sin embargo, se mostraban cautelosos ante sus supuestos padres.
Este halcón peregrino Falco peregrinus, tras desayunarse con el estornino cuyos restos se ven entre sus pies delante de nosotros, se pasó un buen rato arreglándose las plumas en el mismo lugar.
Una de las alrededor de 80 parejas de buitres leonados Gyps fulvus del área del Salto del Gitano, de las que la mayoría estaban ya en plena incubación.
Tardó en levantar la niebla, pero cuando finalmente lo hizo nos dejó un día tan bonito y tranquilo como el que veis en esta imagen del mirador de La Higuerilla. Lo mejor del día fue sin duda disfrutar del parque prácticamente para nosotros solos. Acostumbrados al ambiente de romería de la primavera el silencio del sábado era casi irreal, y cada aleteo, cada canto, parecía llenar el ambiente por completo.



